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Draft Internacional: Idea de MLB que amenaza al béisbol venezolano

María Véliz y Rafael Herdé hablaron del draft internacional /Foto Génesis Ramos

Escribir una leyenda

María Véliz y Rafael Herdé hablaron del draft internacional /Foto Génesis Ramos

César Sequera Ramos || @CSequera11

¿Imaginan que el beisbol no tuviera a jugadores como José Altuve, Martín Prado oRougned Odor? Parece imposible, pero con los cambios que espera realizar MLB en la firma de peloteros, alcanzar el sueño de las Grandes Liga será todavía más complicado.


¿Los scouts de MLB van a ir a las fronteras y los barrios?”

La idea de realizar un draft internacionalha tomado una fuerza que nunca tuvo, y de acabarse formalizando, un sinfín de consecuencias llegarán al principal pasatiempo venezolano. María Véliz y Rafael Herdé, miembros de la Academia Bucaneros Venezuela, visitaron las instalaciones del Bloque DEARMAS para explicar los estragos que generaría la nueva modalidad que quiere adoptar MLB.

El draft internacional es una idea que espera establecer las Grandes Ligas para controlar las firmas a jugadores de los extranjeros. Esas cantidades estratosféricas en las contrataciones han comenzado a incomodar en los despachos de las mayores y este mecanismo vigilará los procedimientos.

“Todo se debe por la parte económica y para evitar las grandes firmas”, explica Rafael Herdé, que teme por los efectos que tendrá en la exportación de jugadores en Venezuela. “Pero también afectará a los demás, porque las organizaciones estarán más limitados y menos jugadores llegarán al profesional”.

Aunque todavía no hay un reglamento oficial, el draft internacional acumularía a un grupo de jugadores de todo el mundo en República Dominicana, y los equipos de Grandes Ligasirían seleccionando a los jóvenes que más les interesan. Asimismo, habría límites en la cantidad de dinero en la firma, evitando la libertad en las negociaciones que hay en la actualidad.

“Ellos (MLB) dicen que tendrán un complejo en República Dominicana donde podrán estudiar, pero eso será para los prospecto de más alto nivel”, aclara María Véliz. “No todos podrán exhibir su talento porque es imposible que estén todos allá”.

En un mercado con tantas libertades, las academias facilitan que el talento de todas las localidades sea exhibido, algo que no sería igual, según los miembros de Bucaneros con el draft internacional. “¿Los scouts de MLB van a ir a las fronteras y los barrios?”, interroga Véliz. “Esa materia prima que empieza desde los ocho años no lo podrán encontrar y llegará un momento que Venezuela no tendrá ningún prospecto”.

Cualidades como las de Miguel Cabrera o Félix Hernández, que siempre llamaron la atención de los scouts, no tendrán mayores contratiempos. Pero esos que tardan en desarrollar sus habilidades, o que no cuentan con fortalezas atléticas importantes, se verán sumamente afectados.

Johán Santana, José Altuve y Martín Prado firmaron por bono bajos y se convirtieron en estrellas de Grandes Ligas”, señala Herdé. “Son casos que se deben analizar, porque de realizarse el draft, será prácticamente imposible que sigan saliendo ese tipo de ejemplos”.

Además que estarían llevando a adolescentes a otro país y fuera de su zona de confort. “¿Quién garantiza que allá van a inculcarles esos valores?”, agrega María Véliz. “Van a otra cultura y lejos del contacto de sus familiares, algo que les garantizamos en las academias”.

El ejemplo perfecto sería Puerto Rico, que luego de ser parte del draft universitario, han dejado de ser una potencia en el beisbol. Talentos como Carlos Correa o Francisco Lindorson fáciles de notar, sin embargo, ya no exportan la misma cantidad del pasado.

Golpe en el aspecto social

Aunque no resalte a primera vista, la idea de un draft internacional tendría consecuencias en el aspecto social. Las academias estarían obligadas a cerrar y una gran cantidad de empleos se perdería.

“Estamos aportando trabajo, y de cerrar, varios quedarán desempleados más de 70 personas”, asevera Herdé, que habla de personas que trabajan como psicólogos, transporte, médicos y encargados en el mantenimiento del terreno. “Tenemos dos años trabajando y todos quedarán afectados con esta decisión”.

Además de la principal ayudante del beisbol menor. ”Afectaría en el aspecto social, porque todas las academias tratamos de ayudar y patrocinar al beisbol menor tanto en nivel nacional como internacional”, detalla Véliz. “Si las academias no están, quién los va a ayudar”, concluyó.

Chicago y el adiós de los Adorables Perdedores

El Emergente

Ignacio Serrano

Hubo un tiempo en que Chicago fue La Meca del beisbol. Los Cachorros y los Medias Blancas ganaron consecutivamente las series mundiales de 1906, 1907 y 1908. Entre 1906 y 1919 ambos equipos se combinaron para asistir ocho veces al Clásico de Octubre.

Un siglo de sequía tuvo la segunda ciudad más importante de Estados Unidos. Un siglo con algunos momentos de esperanza, como en 1945, cuando los oseznos ganaron la Liga Nacional, o 1959, cuando los patiblancos conquistaron la Americana.

A lo largo de esta insólita espera, que los Medias Blancas terminaron en 2005, al ganar con Oswaldo Guillén; mientras generaciones de aficionados veían pasar sus vidas enteras sin celebrar una corona, los Cachorros se forjaron un nombre que por décadas ha latido en el pecho de sus aficionados y la prensa de la urbe: los Adorables Perdedores.

Fue esa una de las grandes diferencias que siempre separaron a los equipos de la Ciudad de los Vientos. Mientras los Sox eran la clase obrera, con un gris estadio enclavado en la industrial zona sur, los Cubs eran los “Cubbies”, los cachorritos, los dueños de un parque donde siempre se jugaba de día, el único sin colchonetas protectoras en el outfield, para permitir que la hiedra siguiera decorando los jardines.

El Wrigley Field, dicen los lugareños, era el bar más grande del mundo por aquellos años 70 y 80, cuando Harry Caray se asomaba desde la caseta de transmisión para cantar el himno de la pelota, el Take me out to the ballgame, cada séptimo inning.

Nuestra generación creció cerca de todo eso, porque la estación WGNTV era una de las pocas formas que existían de ver beisbol a diario en esos tiempos sin internet y con antenas parabólicas.

Quizás por eso, cada cuarentón o cincuentón que es seguidor de los diamantes lleva un poco de los Cachorros en su corazón, en este lado del mundo.

Puede que la versión 2016 de la divisa ubicada en la zona norte siga siendo adorable. La hiedra, el estadio centenario, sus uniformes casi sin cambios, las caras jóvenes del roster, los pintorescos locales que rodean el lugar, todo eso ayuda. Pero la cara de la franquicia está dando un cambio crucial, independientemente del resultado de la Serie Mundial.

Theo Epstein llegó con ese objetivo al alto mando de la franquicia. Logró algo semejante en Boston, cuando acabó con la Maldición de Babe Ruth, pero allá completó un roster que ya tenía figuras. Su labor, en este caso, ha sido casi desde cero.

Sesudo sabermétrico y dirigente visionario, Epstein fortaleció el sistema de ligas menores, fue agresivo en las firmas internacionales, forzó la barra para traerse al manager Joe Maddon, hizo cambios brillantes y apuestas con el ojo abierto que los demás no tenían, como al adquirir a Anthony Rizzo o Jake Arrieta.

Ni siquiera necesitó sumar súper estrellas en el mercado de agentes libres; acaso Jon Lester, porque Ben Zobrist no era tal cosa.

Es una maquinaria balanceada, con peloteros experimentados, pero sobre todo con jóvenes como Kyle Schwarber, el puertorriqueño Javier Báez y el novato venezolano Willson Contreras.

El mejor gerente, con el mejor manager de la MLB, formando el mejor equipo, que obtuvo el mejor récord.

No importa lo que pase contra los Indios de Cleveland. Los Adorables Perdedores de ayer prometen ser ganadores en los años por venir.

Publicado en El Nacional, el miércoles 26 de octubre de 2016.

Joe Maddon: Cachorros se fijarán poco en la historia durante la Serie Mundial

CLEVELAND — Cuando concluya la 112 Serie Mundial entre los Cachorros y los Indios, uno de los dos equipos le pondrá fin a una larga sequía de campeonatos.

Cleveland tiene desde 1948 que no alza el trofeo del Clásico de Otoño y llevaba desde 1997 sin participar en una final de Grandes Ligas. Pero para la mayoría de los fanáticos que no sean simpatizantes de la Tribu, el caso de los Cachorros es más llamativo. La franquicia del norte de Chicago no había sido partícipe de una Serie Mundial desde 1945 y, como se ha recordado un sinnúmero de veces, el equipo no gana el título desde 1908.

Ahora la interrogante para ambos equipos es la siguiente: ¿Pesa la historia, o es cuestión de los jugadores simplemente salir al terreno a hacer lo que siempre han hecho?

En el caso de los Cachorros, el manager Joe Maddon sabe lo que espera de sus pupilos.

“Creo que todos respetamos la historia, lo que ha pasado y lo que no ha pasado antes”, dijo el dirigente. “Pero les prometo que nuestros muchachos van a estar en el presente”.

De ganar la Serie Mundial del 2016, Maddon, la gerencia encabezada por Theo Epstein y los jugadores serán parte de una celebración jamás visto en varias generaciones. Aunque la mayoría de los integrantes de los Cachorros expresa su preferencia por enfocarse en la tarea que tiene de frente, sí hay cierto conocimiento y valoración de la historia en las filas del equipo.

“Este grupo de jugadores tiene la oportunidad de hacer algo que no se hace en 108 años”, dijo el receptor veterano de los Cachorros, el venezolano Miguel Montero. “Hubo tantos buenos jugadores que jugaron por los Cachorros y no llegaron a este punto. Entonces, me siento bendecido de estar aquí y ser parte de este equipo que participa en la Serie Mundial. Y la bendición será mayor si la ganamos”.

Una cosa es estar consciente de la magnitud de la historia. Otra es jugar un partido de béisbol, como hicieron los Cachorros 172 veces en el 2016 (sin contar la pretemporada) antes de arribar al Clásico de Otoño.

“No creo que (el torpedero Addison Russell) vaya a estar preocupado por eso cuando se batee un rodado hacia él, ni que lo esté (el tercera base Kris Bryant) cuando en conteo de 3-2 le tiren un pitcheo bajito y afuera”, comentó Maddon. “Así lo hemos hecho, y eso es lo que yo les he inculcado”.

Ese es el consenso en los Cachorros-con todo y la fiesta sin precedente que les espera si se coronan campeones.

“Estamos muy contentos de estar aquí, pero no tratamos de pensar en cuanto años lleva sin ganar del equipo ni nada eso”, dijo el relevista venezolano de los Cachorros, Héctor Rondón. “Lo que estamos tratando de hacer cada vez que salimos al terreno es hacer algo especial y aquí están los frutos”.

¿Cuál es la sorpresa de los Indios de Cleveland?

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¿Cuál es la sorpresa de los Indios de Cleveland?

El Emergente
Ignacio Serrano
 

¿Cuál es la sorpresa de los Indios de Cleveland? No fue ganar la división, ciertamente.

 
La tribu voló debajo del radar para una parte de la afición, pero su apuesta inicial tenía fundamento: con esa rotación, en la que sobresalían el venezolano Carlos Carrasco y Corey Kluber, cualquier escuadra debía llegar a los playoffs.
 
Ese quinteto era notablemente superior a lo que tenían en Detroit, Chicago y Kansas City. Por eso, cuando Carrasco y compañía demostraron lo que podían hacer sobre la loma, semana a semana, era predecible considerar adentro a los indígenas, aunque apenas estuviéramos en julio.
 
La sorpresa ha venido después, en la postemporada. Porque esa escuadra que el miércoles ganó su ticket para la Serie Mundial llega con una rotación devastada, un bateo que ha hecho el trabajo, un grupo de protagonistas que casi pasa agachado y un cuerpo de relevistas excepcional.
 
Carrasco se fracturó en septiembre, cuando los aborígenes ya respiraban tranquilos. Fue un golpe en apariencia devastador. La línea que le dio en la mano y le quebró un dedo también pegó duro en el punto más fuerte de la divisa.
 
Una lástima. ¿Qué habría hecho el larense en octubre? Desde hace tres zafras es uno de los mejores pitchers de la Liga Americana y la Serie Mundial iba a ser el escenario ideal para su consagración.
 
Danny Salazar cayó antes. El dominicano de la bola de fuego no está disponible desde el mes pasado, debido a una lesión en el antebrazo derecho.
 
Trevor Bauer cayó después. La imagen fue dantesca, con el meñique tasajeado, mientras trataba de lanzar strikes, días atrás, con la sangre manando, copiosamente, hacia el suelo. Una torpeza, al tratar de reparar un dron en su casa, llevó a que la hélice le cortara parte del dedo y otra parte del chance de los Indios.
 
Kluber quedó prácticamente, solo con Josh Tomlin. Se acababa el tiempo de la abundancia.
 
Lo sucedido el miércoles era la señal más clara de que el tiempo de Cleveland en 2016 ya había finalizado, cuando el novato Ryan Merritt subió al morrito para hacer la segunda apertura de su carrera, con apenas 11 innings en su carrera de las Grandes Ligas.
 
Vaya error de apreciación. Lo sucedido el miércoles, en realidad, fue la más clara señal de grandeza de ese grupo de jugadores, cuando Merritt acaudilló un blanqueo combinado que contó con la decisiva participación de los relevistas, una vez más.
 
Es cierto, Andrew Miller y Cody Allen son dos brazos de primer nivel para los innings finales; es casi imposible dañar a quienes permiten menos de medio corredor en circulación por cada episodio de trabajo. Pero esta divisa ha requerido de mucho más, para regresar al Clásico de Octubre.
 
Hace falta que muchos peloteros aporten para compensar tan grandes pérdidas. Hace falta jugadores como Roberto Pérez, por poner un caso, alguien cuyo average de .143 camufla su gran forma de llamar los pitcheos.
 
Terry Francona parece mejor manager hoy que en 2004, cuando llevó a los Medias Rojas de Boston a terminar con la “Maldición de Babe Ruth”. Es lógico, entonces tenía más presupuesto y piezas de mayor nombradía y salario.
 
Aquí también tiene un desafío. No hay maldiciones conocidas en Cleveland, pero sí una sequía de títulos desde 1948.
 
Otra sorpresa más y podrá volver a celebrar.
 
Publicado en El Nacional, el viernes 21 de octubre de 2016.

Kenta Maeda sale a apagar otra vez los bates de Cachorros

LOS ANGELES — Si se arrojase una monedita a una fuente por cada vez que le preguntaron a Dave Roberts si usaría al estelar Clayton Kershaw en el Juego 5 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, con la justa igualada 2-2 con los Cachorros de Chicago, a lo mejor ya ni se vería el agua de tanto metal.

Hasta el propio Kershaw se le acercó para ofrecer sus servicios para trabajar de nuevo con poco descanso intermedio entre aperturas y la respuesta del dirigente de los Dodgers de Los Angeles fue la misma que le diera a la prensa: No.

Roberts le tiene enorme confianza al serpentinero japonés Kenta Maeda e irá con su derecho ganador de 16 juegos en la temporada regular en pos del triunfo que coloque a los Dodgers a un paso de su primera Serie Mundial desde el 1988.

“Sí, Clayton se me aproximó, como siempre lo hace, para decirme que haría todo lo necesario para ganar”, reveló el manejador de la Tropa Blanquiazul. “Pensando bien las cosas, lo mejor para nosotros es que abra el Juego 6 [en Chicago] y que Kenta inicie el jueves. Y con la suma de los brazos que tenemos en el ancla de nuestro bullpen, creo que estaríamos en buena posición.

“El Juego 5 no es decisivo”, insistió Roberts. “No es un partido de eliminación. Y la acumulación del uso de Clayton en los 10 días recientes es un factor en nuestra decisión. Esas son las razones por las cuales no lo usaremos [el jueves]”.

Maeda brilló con los Dodgers en su temporada de novato en la Gran Carpa, lo cual es fantástico y aportó una campaña completa en la rotación, algo de lo cual no puede vanagloriarse ninguno de los otros abridores del equipo, lo cual es fabuloso, pero recientemente no ha tenido fortuna en los Play-Offs.

“Lo que necesita hacer Kenta es ponerse arriba en la cuenta de bolas y strikes”, diagnosticó Roberts. “Si logra eso, pudiera expandir la zona y eso sería realmente bueno. Como les pasa a todos los lanzadores, las cosas se les hacen más arduas si tienen que trabajar por detrás en la cuenta porque sus adversarios comienzan a olfatear sangre.

“Kenta ha trabajado en una tonelada de juegos grandiosos en su carrera — incluyendo su trayectoria destacada en el Japón- y esperamos que suba a la lomita a competir, a sacar outs”, indicó Roberts de su confianza en el brazo de la Tierra del Sayonara.

Por su parte, Maeda sabe que sus cuatro aperturas recientes no han estado a la altura de su magnífica temporada del 2016, pero considera que la oportunidad la pintan calva para pueda reivindicarse plenamente en el Juego 5.

“Va a ser un juego bien importante para el equipo, pero también lo va a ser para mi”, manifestó el derecho nipón. “No lo he estado haciendo bien, así que realmente tengo el deseo de tirar un buen juego. Eso es lo que trataré de hacer.

“Voy a tratar de no ser tan cuidadoso”, especificó Maeda. “Me voy a concentrar en lanzar bien y quitarme de la mente lo que he hecho en el pasado”.
Siete de las 16 victorias de Maeda fueron obtenidas entre agosto y septiembre, lapso en el cual solamente dejó de trabajar una vez en menos de cinco entradas. Si es capaz de reverdecer parte de esos laureles el jueves, los Dodgers pudieran irse a Chicago con ventaja de 3-2 sobre los Cachorros.

“Voy a estar alerta sobre los bateadores de ellos que están encendidos”, profundizó Maeda. “Recuerdo cómo cada bateador [de los Cachorros] reaccionó ante un pitcheo específico mío. Me voy a basar en eso en mi apertura del jueves”.

Por cierto que el juego 5 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional llega para Maeda en un interesante doblete de emociones, porque quiere brillar con los Dodgers y a la vez su antiguo equipo, el Hiroshima Carp, también navega profundo en la postemporada japonesa.

“Es un sentimiento complicado pensar que el Carp ha llegado tan lejos sin mí”, bromeó el abridor de los campeones del Oeste de la Liga Nacional. “Estoy bien contento por ellos. Realmente quiero obtener un triunfo para los Dodgers y a la vez le deseo la mejor de las suertes al Carp”.

Lester, un “Caballo” tras el primer triunfo de los Cachorros

Lester, un

CHICAGO — Contar con un “Caballo” al tope de una rotación de las Grandes Ligas es un lujo altamente valorado por cada dirigente de la meca de la pelota. Tener la posibilidad de usarlo en el comienzo de una Serie de Campeonato le brinda a su equipo, no solamente una alta posibilidad de ganar un Juego 1 sino que también puede constituirse en ejemplo e inspiración para el resto de la rotación.

Los Cachorros de Chicago cuentan con esa arma letal como lanzador de cabecera en el prestigioso zurdo Jon Lester y esperan que esa circunstancia pueda guiarlos a comenzar con buen pie la Serie de Campeonato de la Liga Nacional frente a los Dodgers de Los Angeles, el sábado en Wrigley Field.

“Disponer de esa experiencia es definitivamente un factor, especialmente en un pitcher abridor”, aseguró el dirigente de los Cachorros, Joe Maddon. “Va a salir al terreno sintiéndose muy cómodo. Me gustaría pensar que el grupo se nutrió -en la sobresaliente apertura reciente de Lester- de un poquito de su valentía.

“Todo comienza aquí [con Lester como factor exitoso e intimidante] y lo he visto también desde la otra trinchera, cuando estuvo con los Medias Rojas de Boston”, recordó Maddon. “Es bueno y ahora está al tope de su juego. Pudiera pasar por algunos momentos de parpadeo, como le ocurre a todo el mundo, pero al ocuparse de sus propios asuntos, eso pudiera contagiarse a los demás peloteros”.

Con impresionante marca de 146-84 durante su historial en la temporada regular y excelente efectividad de 2.63 a lo largo de sus 17 juegos – 15 aperturas – en los Play-Offs, Lester ciertamente llena a cabalidad el concepto de lo que es ser un “Caballo” de la lomita.

El mejor ejemplo de cómo un pitcher de ese calibre puede subirse a un equipo a los hombros a la hora buena lo ofreció precisamente Lester en la Serie Mundial del 2013 frente a los Cardenales de San Luis, cuando como integrante de los Medias Rojas redondeó una extraordinaria efectividad de 0.59 en dos aperturas.

Aún así, nadie es perfecto desde la lomita y ciertamente no lo fue Lester en su primera temporada con los Cubs, al hilvanar registro de 11-12 en el 2015, en la única de sus cinco temporadas recientes en las que su efectividad (3.34) estuvo por encima de 3.00. Ese promedio de carreras limpias permitidas sería muy bueno para cualquier “mortal”, pero no para el zurdo de 32 años de edad y nativo de Tacoma en el estado de Washington.

“Creo que fue un proceso gradual”, analizó Lester de su adaptación a los Cubs. “Uno entra a un nuevo panorama y quiere cumplir a cabalidad con todas esas expectativas que recaen en tus espaldas, no solamente como pelotero, sino también como compañero de equipo y como una persona integrada plenamente con la comunidad.

“De manera que ocurrieron muchas cosas el año pasado”, recordó Lester. “Con miras a los Entrenamientos de Primavera de este año, tuvimos pocos rostros nuevos. De manera que obviamente, uno se va a sentir más cómodo en ese segundo año, en contraste con acudir a una primera temporada con toda una atmóstera nueva con la cual lidiar”.

Los que sí tuvieron problemas para lidiar con Lester en el 2016 fueron los bateadores contrarios, ya que disfrutó de una excepcional temporada con registro de 19-5 y promedio de carreras limpias permitidas de 2.44, el segundo mejor de las Mayores y superado apenas por la de 2.13 de Kyle Hendricks, su propio compañero de una rotación que inicia con esos dos y prosigue con Jake Arrieta y John Lackey de acuerdo a los planes de Maddon para la actual Serie de Campeonato.

En el comienzo de la postemporada actual, tiró un juegazo para derrotar 1-0 a los Gigantes de San Francisco, al tolerar solamente cinco hits y no permitir carreras a lo largo de su faena de ocho innings.

Ciertamente a ese tipo de pitcher es al que se refiere Maddon al hablar de la importancia de tener un serpentinero de alto calibre al tope de su rotación para una Serie de Campeonato.

Dato histórico: el pitcheo de los Cachorros no toleró cuadrangular alguno en su Serie Divisional frente a los Gigantes, marcándose de esa manera la primera ocasión en la cual un equipo maniata de tal manera a un adversario en la citada fase de la postemporada desde que los Yankees de Nueva York se lo hicieron a los Mellizos de Minnesota en el 2009.

Cachorros esperan a su rival en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional

Cachorros esperan a su rival en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional
CHICAGO — El mejor equipo de la campaña regular en las Grandes Ligas ha sorteado su primer obstáculo en octubre. Ahora, los Cachorros esperan a su siguiente rival.
Chicago avanzó a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional por segundo año consecutivo. Eliminó a los Gigantes de San Francisco en el cuarto duelo de una emocionante serie divisional y enfrentará al ganador del encuentro del jueves, entre los Dodgers de Los Ángeles y los Nacionales de Washington.
Los Cachorros esperan dar un paso más hacia la conquista de la Serie Mundial, un título que consiguieron por última vez en 1908.
El primer encuentro de la Serie de Campeonato está previsto para el sábado en el Wrigley Field.
“Pienso que esto da validez, en muchos niveles, al trabajo que hemos realizado hasta ahora”, destacó el manager Joe Maddon. “Creo que si eres un jugador en este equipo particular… llegas a un momento en que quieres avanzar a la postemporada y llegar muy lejos. Esto habla de la forma en que hemos jugado”.
El club busca lograr algo más este año. En la anterior Serie de Campeonato fue barrido por los Mets de Nueva York.
Los Cachorros dominaron como ningún otro equipo en las mayores durante esta campaña, para obtener el gallardete de la División Central de la Liga Nacional. Comenzaron con una foja de 25-6 y sólo durante dos días no fueron líderes. Lograron así una foja de 103-58. Fue la mejor de las Grandes Ligas y la más destacada de los Cachorros desde que sumaron 104 victorias en 1910.
Para una franquicia definida por las derrotas dolorosas más que por los campeonatos, apenas puede imaginarse la ansiedad que se hubiera vivido en Chicago si la serie divisional hubiera tenido que volver al Wrigley Field el jueves, para un quinto encuentro. Pero ahora todos se concentran en lo que viene, y no en las maldiciones de la cabra, el gato negro o Steve Bartman, el espectador que estiró el brazo que frustró un out crucial en la Serie de Campeonato de 2003.
El equipo de Maddon parece cómodo ante las grandes expectativas.
“Creo que estamos creciendo cada día”, dijo el pitcher Jon Lester. “El tema principal para nosotros es no renunciar nunca. Siempre damos batalla y nos esforzamos hasta el último out para ver qué pasa”.
Sin duda lo demostraron en la serie divisional, que tuvo de todo, desde el duelo entre Lester y el dominicano Johnny Cueto en el primer juego hasta los grandes hits y las jugadas espectaculares del boricua Javier Báez. Los Gigantes remontaron en el tercer juego y terminaron ganando en 13 innings, y los Cachorros rayaron cuatro veces en la novena entrada del duelo del martes para liquidar por fin a San Francisco.
Los Cachorros se unieron a los Mets de Nueva York de 1986 (en el sexto juego de la Serie de Campeonato ante Houston) como los únicos equipos que han remontado un déficit de tres carreras en la novena entrada para ganar el juego que definió una serie. Cortaron asimismo la racha de San Francisco, de 10 victorias consecutivas en encuentros de vida o muerte, y conjuraron la posibilidad de que los Gigantes siguieran ganando la Serie Mundial en años pares (tras conseguirla en 2010, 2012 y 2014).
“Jugaron muy duro contra nosotros”, dijo Kris Bryant, candidato al Jugador Más Valioso. “Creo que si hubiéramos vuelto a Chicago habríamos estado listos para jugar. Es bueno resolver esto aquí, reagruparnos y saber contra quién jugaremos a continuación”.