Las destrezas de PlayStation de José Altuve, convierten al hombre más pequeño de MLB en una amenaza para el premio Jugador Más Valioso (MVP)

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Jeff Passan. Yahoosports.com. 28-06-2016. Temprano esta temporada, cuando el enfrentamiento entre José Altuve y Jake Marisnik estaba en sus etapas nacientes, se produjo un combate de lucha entre los dos. Era algo tan desproporcionado que en un momento Altuve tuvo que recurrir a George Springer para que lo auxiliara contra Marisnik. Para este momento Altuve se las arreglaba solo, y Marisnik lo dominaba cuando tropezaron con una silla. El ruido alertó a A.J. Hinch, el manager de Altuve, Marisnik y el resto de los Astros de Houston, y cuando él asomó su cabeza para ver que causó la conmoción, señaló hacia un solo lado. “Jake”, dijo Hinch, “no lastimes a Altuve”. “Bien, ¿que tal si él me lastima a mi? dijo Marisnik. “Yo te puedo reemplazar”, dijo Hinch. “No puedo reemplazar a Altuve”. Sin discusión, Hinch estaba diciendo la verdad. Muy pocos peloteros en el beisbol pueden ser llamados irreemplazables, y el jugador de posición más pequeño que el juego ha visto en tres décadas resulta ser uno de ellos. Tres veces integrante del equipo de estrellas, dos veces líder de bases robadas y una vez campeón de bateo, este año Altuve ha ayudado a revivir a los Astros de su catástrofe de abril al tratar de agregar otro premio a su colección: jugador más valioso de la Liga Americana. Está bateando .38 para encabezar la liga, negociando boletos el doble de lo que consiguió la temporada pasada y alcanzando un porcentaje de slugging de .560, más de 100 puntos por encima de su tope previo. Solo otros cuatro peloteros además de Altuve tienen más boletos que ponches: David Ortiz, Anthony Rizzo, Bryce Harper y Ben Zobrist. Se puede decir esto de Altuve: Se mantiene en buena compañía. “A veces las personas dicen que eso parece fácil”, dijo Altuve. “Nunca es fácil. No importa que tan bien conectes la pelota, que tan a menudo hagas contacto con la pelota. No es fácil. Tienes que hacer todo lo que puedas para batear, para embasarte”. La evolución de Altuve desde la impericia hasta la maestría se aceleró en 2014 y galvanizó esta temporada. Altuve es un perseguidor de metas habitual. Quería firmar con un equipo. Los Astros le dieron 15000 $ a los 16 años en Venezuela. Quería llegar a las Grandes Ligas. Debutó a los 21 años. Quería ganar un título de bateo. Altuve bateó .341 en 2014. Quería ganar in título de bases robadas. Estafó 56 bases ese año. Quería llegar a la postemporada. Los Astros perdieron una disputada serie divisional la temporada pasada ante el eventual campeón Kansas City. Ahora quiere disciplina en el plato. “Él realmente no necesitaba eso”, dijo el gerente general de los Astros Jeff Luhnow, “porque puede batear como Vladimir Guerrero y hacer contacto con cualquier pelota en cualquier lugar. Una cosa que él ha notado este año es que aún si batea .250 con esos pitcheos malos mientras otros tipos batean .120, si él deja pasar esos envíos, el pitcher se ve obligado a venir por su zona feliz, y entonces él es un bateador de .450 en esa area. Luhnow no está exagerando. La zona nitro de Altuve está sobre la mitad y en la esquina interna del plato. Alta, media, baja, no importa. En esas seis zonas, Altuve batea .426 esta temporada y un slugging cercano a .800. “El muchacho juega PlayStation ahí”, dio Springer. “Nosotros sudamos la gota gorda ahí, y él juega PlayStation. Es impresionante. El tipo puede hacer lo que quiera. Dijimos anoche que él no solo es bueno bateando, sino que es bueno bateando donde los jugadores al campo no están. Él ha descifrado eso”. Batear donde los jugadores al campo no están, ¿es como colocar la pelota? “Si, 100 por ciento”, dijo Springer. “Él es así de bueno”. Altuve no presumiría de tener tal tipo de control con el madero. Mientras Hinch dijo “sus destrezas para hacer contacto bate-pelota no están por detrás de nadie”, la idea de que Altuve es algun tipo de mago con coordinación mano-ojo, fuerza en las muñecas y pura intuición es lo que tomaría hacer eso… bien, eso es como decir que alguien quién mide menos de 1.65 metros batea más jonrones por la banda contraria esta temporada que Harper, Rizzo, Mike Trout, Kris Bryant, Nolan Arenado, Robinson Canó y Yoenis Céspedes. Y ¿quién creería eso? “Hosey puede batear la pelota hacia donde quiera, y eso es impresionante”, dijo Springer. “No sé como. Si yo pudiera, lo intentaría. Él solo tiene ese gen para batear”. No solo la genetica ha propulsado a Altuve a la carrera por el premio al jugador más valioso junto a Trout, Josh Donaldson y Manny Machado. Él permanece en forma superlativa. Entiende que a los 26 años necesita tiempo para mantenerse y recuperarse, así que ya no toma sesiones de práctica de bateo de cien pitcheos para pulir algo tan elaborado como su swing. “Para mi, él es el pelotero más completo del juego en este momento”, dijo Luhnow. “No pienso que haya alguna deficiencia en su juego”. Nada, eso parece, puede parar a Altuve. Excepto un casco de bateo. Algo de contexto, para aquellos quienes no han visto el glorioso tropiezo: Altuve estaba teniendo una noche a lo Altuve contra Kansa City, sencillo, doble y jonrón, cuando metió una pelota entre el jardín izquierdo y el central. Altuve quería la escalera, y al considerar sus facultades, estaba corriendo a una velocidad por encima de la 21 millas por hora, probablemente lo iba a conseguir. De pronto su casco de bateo se desprendió, y se enredó entre sus tobillos, lo cual causó una reacción en cadena de fallas espaciales que terminó con el abdomen de Altuve impactando sobre la almohadilla de segunda base, rebotando en el suelo y dejando su dignidad en el mismo lugar que su potencial escalera. En la banca, Springer bromeaba, penalidad para Altuve por punzarlo la noche anterior cuando no pudo conectar un envío en conteo de 3-0. Otros en el dugout también se burlaron. Altuve desplegó una sonrisa de chivo. “Disfruto mucho que los muchachos se rían de mi”, dijo él, y aunque pueda parecer como algo que una estrella diría de manera reflexiva, con Altuve es muy cierto. El día final de la estadía en Kansas City, él llegó para un juego vespertino siempre animado, se detuvo frente a su casillero, listo para ponerse sus ropas de trabajo. Esperándolo en su casillero estaba un presente que parecía sospechoso como un par de sandalias de baño cubiertas con vendajes y apretadas con cinta adhesiva. Altuve sabía que adentro había una sorpresa, una nube de polvo blanco. Se volteó y miró a Marisnick, quien jugaba cartas con sus compañeros de equipo. “Yo no fui”, dijo Marisnik, y Altuve volteó de nuevo hacia el casillero, dudoso, con ideas de revancha fluyendo en su mente. Por el momento, eso tendría que esperar. Tenía un juego donde participar, algunos imparables que batear, un triunfo que llevara a casa. Otra meta en una lista que se hace más corta mientras el hombre más pequeño del juego mejora y mejora. Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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