Humberto Beto Perdomo: Ecos de una voz magnética

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Estruendos de un vozarrón punzaron el ambiente de la tribuna central, los Navegantes del Magallanes habían reaccionado en el cierre del noveno inning, y en medio de la euforia del momento, todos voltearon hacia el palco de la prensa del estadio José Bernardo Pérez, el hombre de chaqueta marrón y rostro enrojecido, había salido de la caseta de transmisión y el público coreaba una de sus frases más celebradas. Cuando leí la noticia en Meridiano temprano en la mañana, empecé a escuchar el murmullo de muchas narraciones, de muchas ocurrencias. Asimilar que Beto Perdomo se había marchado de este mundo, implica reconocer que a veces hay personas quienes, sin conocerlas, podemos considerarlas muy cercanas a ser nuestros amigos, y regresar hasta alguna noche de mediados de 1979, cuando en medio de un juego de Grandes Ligas entre los Yanquis de Thurman Munson, Reggie Jackson y Ron Guidry versus los Medias Rojas de Carlton Fisk, Jim Rice y Dwight Evans; Juan Vené anunciaba la nueva adquisición de su circuito de transmisión, Humberto Beto Perdomo, como el Novato del Año.
Desde entonces me impresionó su conocimiento del juego y una incipiente capacidad para crear figuras atractivas con su manejo del lenguaje. La próxima vez que escuché a Beto, trabajaba en el circuito radial de los Leones del Caracas, narraba los tres primeros innings, luego venían los consagrados Carlos Tovar Bracho y Delio Amado León. De seguro allí pulió más sus cualidades ante el micrófono. El día inaugural de la temporada de Grandes Ligas de 1984, Beto narraba junto a Tovar Bracho y John Carrillo a través del canal 8 de televisión. A partir del sexto inning, Beto empezó a insuflarle una atmósfera emotiva al juego: “Llamen a sus amigos, que Jack El Gato Morris está lanzando sin hits ni carreras”. El siguiente eco que escuché esta mañana cuando leí la noticia viene desde finales de los años ’80; Beto trabajaba en el circuito del Magallanes. Una mañana dominical le tocó narrar el juego del novato Ramón García, designado por el manager Felipe Rojas Alou, ante un lanzador de las Águilas del Zulia llamado Greg Maddux. El triunfo de Garcia se convirtió en uno de los recuerdos más atesorados de Beto varios años después cuando Maddux se estableció como uno de los mejores pitchers de las Grandes Ligas. En esa época, Magallanes todavía era un equipo en reconstrucción y muchas veces lo escuchamos exclamar al final de los juegos: “¡Cooomo se suuuufre perdieeeendo!” Me parece que sus próximas paradas fueron en los circuitos del Caracas y las Águilas del Zulia.
Lo que si recuerdo muy bien es que para la temporada 1993-94, Beto regresó al circuito del Magallanes para trabajar junto a Tovar Bracho, Dámaso Blanco y John Carrillo. Entonces si repitió muchas veces “¡Coooomo se goooooza gaaaaanandoooo!”. Allí estuvo hasta la temporada 1996-97. A partir de ese momento pasó al circuito de los Tiburones de La Guaira. En medio de aquel ambiente de manicomio en el palco de la prensa, Beto parecía Plácido Domingo en un ejercicio de capacidad pulmonar “Y cooooomoooo se gooooooozaaa gaaaaaaaaaaanando!” Ignoro si aquel fue un acto espontaneo o programado. El reguero de electricidad y adrenalina ilustraba la personalidad de Beto.
Gracias por todos los gratos momentos. ¡Vaya con Dios Beto!

Alfonso L. Tusa C.

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