Cooperstown Confidencial: Rezando por Ed Herrmann

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19 de Julio de 2013. Bruce Markusen. The Hard Ball Times En el juego de hoy, un jugador como Ed Herrmann en su apogeo habría costado de 6 a 7 millones de dólares por temporada. Un catcher que bateaba a la zurda con poder por encima del promedio, buenas destrezas mascoteadoras, y la habilidad para manejar un cuerpo de lanzadores es una propiedad valiosa. Ese tipo de cátcher era my valorado a comienzos de los años ’70, y aún hoy es así. Hay más de Ed Herrmann que simplemente las destrezas por encima del promedio de un pelotero. Él es de buenas maneras y cooperativo, con disposición para hablar de sus días como jugador activo y muy feliz de recordar su período en el beisbol profesional. Reconocido por su ética de trabajo y profesionalismo, él es universalmente muy estimado por sus antíguos compañeros de equipo y oponentes, y respetado por los coaches y managers quienes trabajaron con él a través de los años. Por eso es que nadie se contenta de oir que Herrmann está batallando con el cáncer de próstata. Recientemente comenzó tratamiento de quimioterapia, en un esfuerzo por detener la expansión de la enfermedad. Algunos de sus amigos han creado una página especial de facebook llamada “Praying for Ed ‘Hoggy? Herrmann”, lo cual hace referencia al apodo con que lo conocen sus amigos. Ellos saben que Herrmann hará todo lo que pueda para aplacar la enfermedad, pero ellos también saben que él necesita un poco de ayuda, también. El nieto del antiguo pitcher grandeliga Marty Herrmann, Ed empezó su carrera profesional en 1964, la temporada final antes de que Major League Baseball instituyera su draft amateur. Al firmar como agente libre con los Bravos de Milwaukee, Herrmann apareció en 30 juegos con el equipo filial de la franquicia en la Sarasota Rookie League. Al saber que él era un prospecto y que podría ser tomado después de la temporada en el viejo draft del primer año, los Bravos intentaron un subterfugio inusual. Le indicaron a Herrmann, un bateador ambidextro para ese momento, que bateara solo a la derecha, su mano más débil. “La razón de esto era que todo mi poder era a la zurda”, le explicó Herrmann a Edgar Munzel de The Sporting News. “Yo era solo un bateador elemental a la derecha”. A pesar del obstáculo infligido por los Bravos, Herrmann bateó un respetable .286, pero sin poder. Los Medias Blancas, especialmente el scout Hollis “Sloppy” Thurston, no se dejaron marear. Thurston recordaba a Herrmann desde los días cuando lo seguía en los juegos de secundaria en San Diego. Despues de la temporada, Thurston y los Medias Blancas vieron su nombre en la lista de los jugadores de ligas menores disponibles. Por recomendación de Thurston, los patiblancos seleccionaron a Herrmann en el draft del primer año. Aunque los Medias Blancas no tenían el mismo tipo de profundidad en la receptoría que poseían los Bravos, Herrmann no se vio favorecido inmediatamente. De hecho, tuvo dificultades en el plato, no pudo batear por encima de .264 en cualquier nivel de ligas menores y mostró solo un poder moderado mientras avanzaba en el sistema de granjas de los Medias Blancas. No fue hasta 1967 que Herrmann se ganó su primer llamado a Chicago, y eso apenas fue una taza de café de dos juegos. Regresó a las ligas menores en 1968, jugóa para tres equipos en dos ligas. Bateó 12 jonrones combinados, pero su promedio de bateo y su habilidad para hacer contacto consistente continuaron en picada. Mientras los Medias Blancas tenían interrogantes acerca del bate de Herrmann, tenían pocas dudas acerca de sus destrezas como cátcher. Así que en 1969, los patiblancos convirtieron a Herrmann, quien ahora era estrictamente un bateador zurdo, en una mitad de su receptoría, al permitirle compartir la posición con el veterano Don Pavletich. Herrmann se embasó solo el 31 porciento del tiempo, pero bateó ocho jonrones en 290 turnos al bate. A la defensiva, Herrmann experimentó crecientes dificultades al manejar un cuerpo de lanzadores veteranos, al permitir 19 passed balls que lideraron la liga. Algunos de esos passed balls resultaron de tener que recibir al relevista Wilbur Wood, cuya bola de nudillos impredecible y frecuentes apariciones desde el bullpen le complicaron la vida al cátcher de 22 años de edad. Aún así, los patiblancos vieron suficiente de Herrmann para regresar con él a medio tiempo en 1970, esta vez con Duane Josephson. Herrmann floreció en su segunda temporada. Bateó .283, se embasó 35 porciento del tiempo, y largó 19 vuelacercas, esta última marca llevó su porcentaje de slugging hasta .505. Junto a Bill Freehan de los Tigres y Thurman Munson de los Yanquis, Herrmann había tomado su lugar entre la élite de los cátchers de la Liga Americana. Él no pudo mantener el ritmo de juego mostrado en 1970. El verano siguiente su promedio de bateo cayó considerablemente hasta .214. Su cuerpo se debilitó debido a una apendectomía de emergencia que le hizo perder un mes de la temporada. Extrañamente, él recibió 11 boletos intencionales, un número alto para un bateador con dificultades, lo cual era una señal de la debilidad de la parte baja de la alineación de los Medias Blancas. Herrmann bateó 11 jonrones y recibió boletos casi tan a menudo como se ponchó, pero ese no era el tipo de desempeño que el quería luego de su destacada actuación de la temporada anterior. En 1972, los pitchers mostraron aun más respeto, al bolearlo intencionalmente 19 veces, lo pusieron a liderar la Liga Americana. De nuevo, no fue tanto que Herrmann inspirara miedo a los pitchers, con tipo de ofensiva tan débil como Rich Morales y Luis Alvarado bateando detrás de él, los lanzadores le daban a Herrmann pocos lanzamientos en la zona de strike. Cuando él movió el bate, le fue mejor que en 1971. Levantó su promedio de bateo hasta .249, de nuevo alcanzó doble figura en jonrones y caminó más de lo que se ponchó. Defensivamente, Herrmann emergió como una fuerza detrás del plato. A pesar de una reputación de brazo por debajo del promedio, él sacó al 50 porciento de los robadores de bases. Al controlar el movimiento en las bases, él se convirtió en un colaborador sutil para un equipo mejorado de los Medias Blancas que retó a los Atléticos por la supremacía en el oeste de la Liga Americana. Ahora, los scouts confirmaban la reputación de Herrmann como excelso jugador defensivo. Parecía un “bloque de granito”, como fuese una vez descrito en The Sporting News, Herrmann se convirtió en un muro impenetrable para los corredores que intentaban anotar. El scout de los Tigres, Jack Tighe describió a Herrmann como el major catcher para bloquear el plato. No había que preguntarse mucho porque sus compañeros de equipo se referían a él como “Fort Herrmann”. Aún más importante, Herrmann se había especializado en recibir las pelotas de nudillo lanzadas por el as del cuerpo de lanzadores Wilbur Wood y el veterano relevista Eddie Fisher. A pesar de su alto número de passed balls a principios de los años setenta, Herrmann manejaba los lanzamientos de nudillos tan bien como cualquier cátcher de Grandes Ligas. Él se ganó el elogio más grande de ejecutivo de los Tigres e inquilino del Salón de la Fama, el receptor Rick Ferrell, quien exclamó que Herrmann era el mejor cátcher que él había visto manejando la bola de nudillos. Ferrell sabía algo de eso, al haberle recibido a cuatro lanzadores de nudillos en el mismo cuerpo de lanzadores con los Senadores de Washington. En una nota más pálida, Herrmann también se ganó una reputación como uno de los corredores más lentos. Con sus piernas gruesas y contextura de bola de boliche, él podía vencer a pocos peloteros en una carrera. (En su carrera de 11 años, él acumuló un total de cuatro triples). También desarrolló una apariencia distintiva. En contraste al rostro afeitado de sus primeros años en Chicago, se dejó crecer el bigote y una chiva, y dejó que su cabello se hiciera largo y ensortijado, lo cual lo convirtió en uno de los peloteros más reconocibles del juego. En una rareza estadística, Herrmann registró totales idénticos de jonrones y carreras empujadas (con 10 y 49 respectivamente) en 1973 y ’74. También siguió siendo un taco detrás del plato, lo cual lo ayudó a ganar su primera y única selección al Juego de las Estrella en 1974. Pero en la primavera de 1975, él entró en disputa con la gerencia al rechazar firmar el contrato que los Medias Blancas le ofrecieron y se mantuvo sin presentarse al principio del entrenamiento primaveral. La oficina principal de los Medias Blancas no lo perdonó. Con los rumores que circulaban de que un cambio lo enviaría a los Yanquis, los Medias Blancas finalmente halaron el gatillo el 1 de abril. Lo enviaron a Nueva York por un paquete de 20.000 $ y cuatro jugadores de ligas menores, lo cual suena como mucho, pero en realidad había poco talento real. Ninguno de los cuatro peloteros de ligas menores (el cátcher Terry Quinn, el primera base John Narron, el jardinero Ken Bennett, y el pitcher Fred Anyzeski) eran reconocidos como prospectos y ninguno llegó a jugar en Grandes Ligas. Los hambrientos de efectivo Medias Blancas estaban más interesados en el dinero que en los peloteros que vinieron desde los Yanquis. Varios peloteros de los Medias Blancas se molestaron visiblemente cuando supieron que el popular Herrmann había sido cambiado. En un frente, buscaban a Herrmann, el representante laboral de los peloteros, por consejo cuando se trataba de asuntos relacionados con la Asociación de Peloteros. En otro frente, los pitchers de los Medias Blancas buscaban a Herrmann para que los guiara al llamar el juego y liderar el cuerpo de lanzadores. Al salir de los Medias Blancas y unirse a los Yanquis, Herrman se convirtió en cátcher de reserva por primera vez en su carrera profesional. Ni siquiera se convirtió en el segundo cátcher, sino que fue tercero detrás de Munson y un joven Rick Dempsey. Los Yanquis usaron a Herrmann como cátcher solo ocasionalmente, optaron por darle más deberes como bateador designado. Herrmann lo hizo bien en su única temporada con los Yanquis, pero quería jugar cerca de su hogar y familia en California. Le pidió a los Yanquis que lo cambiaran; el gerente general Gabe Paul, lo envío a los Angelinos por dinero en febrero de 1976. Los Angelinos planearon un comité de veteranos detrás del plato, Herrmann y Andy Etchebarren, pero el plan no duró mucho. Herrmann bateó tan poco que los Angelinos lo negociaron casi una semana antes de la fecha límite de cambios, lo enviaron a los Astros por el cátcher Terry Humphrey y el relevista derecho Mike Barlow. Herrmann encontró su segundo aire en Houston. Aunque no bateó para nadam agenciando un OPS de .541, destacó detrás del plato. El punto más brillante de su verano llegó cuando recibió el sin hits ni carreras de Larry Dierker. Al emerger como mentor de un grupo de jóvenes pitchers de los Astros, Herrmann ayudó a lanzadores como Joaquín Andujar, Dan Larson y Bo McLaughlin a convertirse en abridores competentes. Con Herrmann guiando al cuerpo de lanzadores, los sorprendentes Astros llegaron a dos juegos de .500 durante el verano del ’76. Relegado a labores de reservista detrás de Joe Ferguson en 1977, Herrmann destacó desde la banca. Apareció en 56 juegos, bateó .291 y subió su OPS hasta .707. Mientras los Astros tenían dificultades al principio de la temporada de 1978, Herrmann se preocupaba por la actitud del equipo. No le gustaba la actitud de algunos veteranos, quienes parecían haberse acostumbrado a perder, En una entrevista con el periodista Harry Shattuck, el usualmente diplomático Herrmann dijo que no quería jugar más “en un equipo que no quiere ganar. No quiero caminar en el campo y jugar con seis tipos quienes quieren jugar y tres quienes no”. Herrmann predijo que los Astros, principalmente por su pobre enfoque mental, podrían perder 100 juegos. A la gerencia de los Astros no le gustó la rara explosión de honestidad. Pocos días después, el gerente general de los Astros, Tal Smith, vendió al veterano receptor a Montreal. Los Expos querían un respaldo que bateara a la zurda para su estrella residente, Gary Carter. Pero Herrmann jugó poco, bateó por debajo de .200, y chocó con su nuevo manager, el feroz Dick Williams. Después de la temporada, los Expos dejaron en libertad a Herrmann, así terminó su carrera de Grandes Ligas a la edad de 32 años. Luego de su retiro, Herrmann regresó a su nativo sur de California. Trabajó por un tiempo como scout para los Reales, pero su verdadero amor era entrenar y tutorear peloteros jóvenes, particularmente catchers prometedores. Luego se hizo entrenador por mucho tiempo de un equipo itinerario élite, llevó a cuatro de sus equipos a campeonatos nacionales. Fue una posición que mantuvo por casi dos décadas, hasta el diagnóstico de cáncer de próstata que lo forzó a dar un paso al costado. Desafortunadamente, yo he tenido experiencia de segunda mano con el cáncer de próstata. Esa fue la enfermedad que se llevó a mi padre en 1997. Él vivió con la enfermedad por alrededor de seis años, la batalló bien, parecía estar ganando la pelea, pero luego se fue a la edad de 79 años. Ed Herrmann es más fuerte físicamente que mi padre, y supongo que eso ayuda. Él es también más joven, solo 66 años de edad, y eso también debe ser un tipo de ventaja. Con todo el derecho, Ed debería estar entrenado ese equipo itinerario todavía, algo que ama hacer y algo en lo que destaca. Esperemos que Ed tenga esa segunda oportunidad de entrenar. Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Ed Herrmann: Un catcher infranqueable.

Posted: 07 Mar 2016 05:31 AM PST

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El hombre bajó dos escalones sin quitar los ojos del jardinero derecho y la pelota que salía de su mano. La camisa añil se estrujó en la espalda cuando el repiqueteo de la esférica estalló en la mascota del receptor. “¡Que brazalete y que atrapada de Armando Ortíz. Guillermo, ese batazo de César Tovar era más que suficiente para que Paul Schaal anotara y pusiera adelante al Caracas”. Un tipo de cabellos platinados con la mano izquierda sobre la frente forcejeaba con el sol decembrino, la mirada incrustada en el home. “Si Pablo, pero si ese catirito no se planta con determinación frente a la goma y le cierra el paso a Schaal ya el Caracas ganara 1-0”. 48 años de distancia y aun refulgen los hechos de aquella mañana del 31 de diciembre de 1967 y tintinean en tributo al voluntarioso cátcher Ed Herrmann, quien jugara 7 de sus 11 temporadas en Grandes Ligas con los Medias Blancas de Chicago. Edward Martin Herrmann dejó de existir la mañana dominical del 22 de diciembre de 2013, a los 67 años, luego de una larga batalla con el cáncer de próstata. Conocido como “Hoggy”, Herrmann había sido diagnosticado en 2009 y su condición se complicó a finales de año. Ed, había nacido el 27 de agosto de 1946 en San Diego California. Su abuelo Marty Hermmann lanzó un juego para los Robins de Brooklyn en 1918. Pero su nieto tuvo una carrera más larga luego de firmar con los Bravos de Milwaukee en 1964. Debutó con los Medias Blancas en 1967, luego se estableció con ellos desde 1969 hasta 1974, antes de empezar un tráfago por los Yanquis, Angelinos, Astros y Expos, se retiró al terminar la temporada de 1978. La camisa añil se paralizó en el aire. Sencillo de Musulungo Herrera, un cable desde la derecha encendió el home, el hombre de la armadura medieval agarró la pelota y esperó el rostro sorprendido de Teodoro Obregón. “Caramba Guillermo, ese Armando Ortíz vino clarito, volvió a pintar otro strike en el plato”. Los crespones platinados enredaban las manos. “Y otra vez ese muchacho Herrmann bloqueó la goma como todo un señor cátcher. De otra forma ya Caracas ganara 2-1 y en el quinto inning”. Herrmann construyó una imagen de rudeza, ética de trabajo y pasión a lo largo de su carrera, su amigo y compañero de equipo en los Medias Blancas de Chicago Bill Melton (y las Águilas del Zulia en Venezuela 1969-70), declaró al Chicago Tribune que Herrmann insistía en jugar sin importar su condición física. “Sus palabras eran me siento muy bien”, dijo Melton al Tribune. “Nunca podían sacarlo de la alineación, nunca se quejaba”. Otro antíguo compañero, Dick Allen, escribió de Herrmann y su rudeza en una publicación de su website personal en agosto, lo catalogó como “el mejor cátcher bloqueando el plato con quien jugué. Lo más impresionante de Herrmann, era que amaba el beisbol”, escribió Allen. “Hasta cuando le daban el día libre, se iba a trabajar con los pitchers en el bull pen”. Otro elevado de Obregón a la derecha. Ortíz atrapa la pelota. Nelson Castellanos se desprende desde tercera. La camisa añil precipita hasta los bancos cercanos al dugout. Los cabellos platinados flotan hacia los escalones más altos de la tribuna central. Un aullido apagado resuena hasta el Ávila. El movimiento del hombro de Ortíz ubicó la pelota cual guiada por un teodolito en toda la oquedad de la mascota. La voz de Guillermo ubicó el añil. “!Viste Pablo¡ El catirito se volvió a fajar y Castellanos nada pudo hacer”. Herrmann fue un bateador de .240, 80 jonrones, 320 carreras empujadas y .674 de OPS, alcanzó doble figura en jonrones cada año entre 1970-1974. Aunque el bateador zurdo participó en el juego de estrellas de 1974, su mejor año con el madero llegó en 1970, cuando bateó .283, 19 jonrones y 52 carreras empujadas en solo 333 apariciones en el plato. Sus mejores contribuciones las hizo detrás del plato más que en el plato. De acuerdo a una biografía reciente en el website hardballtimes.com, algunos compañeros de equipo lo llamaban “Fuerte Herrmann” por su diligencia al proteger el plato. El Sporting News una vez lo describió como “un bloque de granito”. Guillermo casi se saca la camisa por una manga cuando Armando Ortiz descargó un batazo que aterrizó en las tribunas en el séptimo inning. Magallanes 2, Caracas 1. Desde ese momento empezó una discusión con el hombre de cabellos platinados. “Eso no tiene discusión Guillermo, Ortiz hizo los tres tiros y además empujó las dos carreras nada más y nada menos contra el invicto Diego Seguí”. “Está bien, pero si el catirito no se faja en el plato ninguno de esos tiros de Ortíz hubiera servido de nada”. “Jugué futbol americano en la secundaria, era zaguero medio”, le dijo Herrmann a Hardball Times en una entrevista de 2011. “Aprendí mucha malicia en esa posición. Y la transferí a la posición de cátcher”. Herrmann también ganó buena reputación como mascoteador, particularmente de los lanzamientos de nudillos, incluídos los de Wilbur Wood, lo cual era una especialidad muy rara entre los cátchers de los Medias Blancas de Chicago de esa época. El ejecutivo de los Tigres de Detroit Rick Ferrell, catcher inquilino del Salón de la Fama con experiencia recibiendo lanzamientos de nudillo, dijo que Herrmann era el mejor que había visto manejando ese tipo de pitcheo, de acuerdo a Hardball Times. A la salida del estadio la camisa azul parecía un mar agitado. “Pareciera que hubieses visto a ese Herrmann de toda la vida. Para mí Armando Ortíz es el jugador del juego”. Los cabellos brillaban bajo la sombra de un jabillo. “Ortíz puede haber sido el jugador del partido. Pero Herrmann hizo 11 outs y una asistencia. Y sí, ayer le recibió las nueve entradas al Látigo Chávez en el juego que Magallanes le ganó aquí 9-2 a Lara, bateó de 5-2 con dos empujadas y una anotada. Realizó 7 outs. (Ese juego resultó el último triunfo de Isaías Látigo Chávez en un juego de temporada regular de LVBP). El 12 de diciembre ese catirito también se fajo detrás del plato en un juego que abrió el Látigo en Barquisimento y lo relevó Jerry Nyman en el octavo inning. Magallanes llegó perdiendo 3-2 al noveno inning y ganó 4-3. Herrmann hizo 3 outs y una asistencia. Y el 28 de noviembre apareció detrás del plato con su traje medieval en un juego ante La Guaira que inició el Látigo quién fue relevado en el tercer episodio por Francisco Carlos. Magallanes ganó 9-4. Herrmann bateó de 4-1, 1 anotada. Al campo hizo 7 outs”. Pablo se abrochó el botón superior de la camisa y bajó los ojos. El 21 de agosto de 1973 Hermann fue el receptor de Stan Bahnsen en un juego que los Medias Blancas llegaron ganando 4-0 a Cleveland al noveno inning. Bahnsen tenía 8.2 innings lanzando sin hits ni carreras hasta que Walter Williams dio un roletazo de tres botes que sobró al antesalista Bill Melton para estropear la magia. Bahnsen completó blanqueada de 1 hit. Hermann regresó a LVBP para la temporada 1969-70 con las flamantes Águilas del Zulia, conformó una importación proveniente de los Medias Blancas de Chicago, gestionada por Luis Aparicio, allí había nombres como Bill Melton, Dan Lazar, Paul Edmonson, Don Secrist, Tom Shopay, John Noriega. Participó en 29 juegos, 103 turnos al bate, 6 carreras anotadas, 20 imparables, 3 dobles, 1 triple, 2 jonrones, 9 carreras empujadas, 9 boletos, 21 ponches, bateó para .194. Uno de sus momentos indelebles ocurrió el 09 de julio de 1976, Herrmann recibió el juego sin hits ni carreras de Larry Dierker contra los Expos de Montreal en el Astrodomo, bateó de 3-2 con jonrón en una victoria 6-0. El 4 de julio de 1972 ejecutó tres dobleplays en un juego ante los Orioles de Baltimore, lo cual igualó el record de Grandes Ligas en ese momento para un cátcher en un juego. Baltimore ganó 2-1, Pat Dobson se adjudicó la victoria y Stan Bahnsen la derrota. Herrman ejecutó 10 outs y 3 asistencias. Chris Hoiles impondría una nueva marca el 9 de abril de 1998 al ejecutar 4 dobleplays con la camiseta de los Orioles en un juego donde derrotaron 2-1 a los Reales de Kansas City. Jimmy Key se llevó el triunfo. José Rosado salió derrotado. Luego de su retiro, Herrmann continuó ligado al beisbol escribiendo en su sitio web lo que trabajaba como scout, tutor y entrenador así como manager de un equipo de jóvenes viajeros que ganó cuatro campeonatos nacionales. También ayudó a Melton en los campamentos de fantasía de los Medias Blancas. “De veras toda su vida la dedicó al beisbol”, Melton dijo al Tribune. Alfonso L. Tusa C.

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