Jóvenes de K.C. gozan la experiencia de la S.M.

 

 

 

KANSAS CITY — Eric Hosmerrecuerda los tiempos duros en liga menor de los Reales con compañeros como el venezolano Salvador Pérez, Mike Moustakas, el dominicano Kelvin Herrera y Greg Holland.

En estados como Idaho, Delaware, Iowa y Nebraska, ese núcleo de jugadores soñaba con algún día pisar terrenos de Grandes Ligas. Lograron dicha meta y ahora, después de varios años de lucha con el equipo grande de Kansas City, han alcanzado juntos la tierra prometida de competir por un título de la Serie Mundial.

“Es muy divertido”, dijo Hosmer sobre los frutos de su labor en circuitos minoritarios. “Son difíciles las Ligas Menores. Es un difícil afán llegar hasta este nivel.

“Pero ahora le agregas el béisbol de postemporada y estás sentado en el clubhouse con los mismos muchachos con los que lo hacías en un camerino de Clase-A baja en Burlington, Iowa”.

En el béisbol moderno de la agencia libre y los canjes, es poco común que un equipo llegue tan lejos con tanto talento “casero” que se haya desarrollado junto desde los primeros niveles de liga menor hasta las Mayores. Durante esta Serie Mundial de los Reales contra los Gigantes, tanto Pérez como Herrera ha expresado que se siente “en familia” con el grupo dirigido por Ned Yost.

La compenetración es tanto en las últimas ediciones del equipo de Kansas City que no sólo son los jugadores que se llevan bien, sino también sus seres queridos que los acompañan durante la larga temporada de Grandes Ligas.

“Nuestras familias se han unido mucho. Es bien especial”, comentó el primera base Hosmer. “Es una gran familia ahora. Ha sido un sueño hecho realidad esta experiencia, que las familias estén con nosotros y que puedan vivir esto”.

Diferente a sus pupilos, Yost se encuentra en su séptima Serie Mundial-pero su primero como manager. Participó en uno como jugador con los Cerveceros en 1982 y cinco como coach de los Bravos en la década de los 90. Al igual que los jugadores de los Reales, Yost está decidido a sacarle lo máximo a la experiencia–pase lo que pase en el terreno.

“Mi meta durante las últimas (cinco temporadas) era llevar a este equipo a una situación de playoffs”, manifestó Yost, quien tomó las riendas de los Reales en mayo del 2010. “Cuando eso ocurrió, la verdad es que quería disfrutarlo lo más que pudiera.

“Una vez llegas a la Serie Mundial, ya no hay más niveles que subir. Sólo compites y tratas de ganar ese campeonato”.

Con la Serie Mundial vienen muchas exigencias de tiempo, muchos trámites, mucho esfuerzo de logística y, sobre todo, mucha prensa. Estos jóvenes de los Reales, equipo que antes del 2014 no clasificaba para una postemporada desde 1985, no estaban del todo acostumbrados a eso. Pero lo han manejado de lo más bien, con paciencia y buena cara a cada paso.

“Uno se da cuenta de lo afortunado que es, como jugador, de estar en esta posición”, expresó Hosmer, de tan sólo 25 años recién cumplidos. “Estamos divirtiéndonos con esto y gozando cada momento.

“La mayoría de nosotros, básicamente todos en el equipo, ha tenido muy buena actitud con esto. Queremos disfrutar cada instante y dejarlo todo en el terreno”.

David Venn / LasMayores.com

 

Matheny muestra todo su dolor por la muerte de Taveras

La muerte del propecto dominicano Oscar Taveras, ocurrida el domingo en su país de origen, ha causado un profundo dolor en el mundo del béisbol profesional de las Grandes Ligas y en especial en la familia de los Cardenales de San Luis, su equipo, que se sienten desolados.

Su fallecimiento a la edad de 22 años ha sido un duro golpe, especialmente para el piloto de los Cardenales, Mike Matheny, que a través de un comunicado oficial mostró todo el dolor y pesar que sentía por la tragedia ocurrida.

“En mi opinión, la palabra ‘amor’ es la palabra que peor usada y entendida en el idioma inglés. No es muy popular para los hombres usar esta palabra, y aún menos popular para los atletas. Pero, no hay una palabra más precisa de cómo un grupo de hombres comparten una preocupación profunda y genuina por los demás. Amamos a Óscar (Taveras) y él nos amó. Eso es lo que hace un equipo, que es lo que hace una familia”.

De esta manera tan categórica y sentida, Matheny definía la perdida de Taveras y lo que significaba para todo el equipo.

“Me pidieron la pasada noche que dijera algunas palabras con respecto a la trágica muerte de Óscar Taveras, pero simplemente no pude”, admitió Matheny en un comunicado divulgado hoy, lunes, por el equipo. “En primer lugar, sentí como una pesadilla que no podía ser real, y cuando me di cuenta que era cierto, mis palabras ni siquiera parecían tener sentido.”

Matheny fue más allá cuando dijo que tampoco los calificativos podrían servir para nada.

“Decir que ha sido una perdida horrible, una vida terminada demasiado temprano, es poco en esta ocasión. Hablar de su potencial, sus habilidades, es inapropiado. Lo único que deseaba era juntar a los muchachos y estar unidos con la familia de béisbol. Yo conozco el dolor que se siente dentro de una hermandad como lo es un equipo de béisbol. Ese dolor es tan poderoso como las alegrías que vienen con esta vida.”

De acuerdo a la información oficial facilitada por las autoridades dominicanas, Taveras viaja a exceso de velocidad en el momento del mortal accidente y no llevaba documentos personales en su poder, pero su propia madre fue la que lo identificó.

“No digo que el dolor es tan profundo como el que su verdadera familia está sintiendo, pero el dolor en sí es tan real”, señala el comunicado de Matheny. “El dolor es profundo porque las relaciones eran profundas y se forjaron a través del tiempo y el trato.”

Taveras hizo su debut en Grandes Ligas este año. Bateó para .239 con tres jonrones y 22 carreras impulsadas en 80 partidos con los campeones de la División Central que llegaron disputar el banderín de la Liga Nacional.

“Para los fanáticos que ya han expresado sus condolencias y los muchos más que están de luto, gracias por considerar a estos jugadores como si fueran uno de los suyos. Este nivel de preocupación es lo que marca la diferencia de nuestros fans”, subraya Matheny.

Taveras era un adolescente cuando firmó con los Cardenales como agente libre internacional en el 2008. Antes de esta temporada (2014), Taveras fue clasificado como el prospecto número tres según la página MLB.com y Baseball America, y promedió .321 durante seis temporadas en ligas menores.

El fallecido pelotero le pegó un cuadrangular a Yusmeiro Petit de los Gigantes de San Francisco en su estreno en Grandes Ligas el 31 de mayo y también la botó con jonrón solitario en la séptima entrada del segundo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional contra el mismo equipo californiano.

“Óscar (Taveras) tenía un futuro muy prometedor, dentro y fuera del campo, y esta noticia es desgarradora en muchos niveles,” señala en un comunicado Tony Clark, líder de la asociación de jugadores. “Nunca es fácil perder un miembro de nuestra fraternidad y perder alguien tan joven es una noticia devastadora.”

Todo indicaba que Taveras llegaría a Grandes Ligas en 2013, pero una cirugía por un esguince en el tobillo derecho le imposibilitó el ascenso, que si hizo esta temporada con un buen comienzo en el equipo de Triple-A Memphis y se ganó la promoción al batear .325, con siete jonrones en 49 juegos.

Juan Pérez, jardinero de los Gigantes, se enteró de la muerte de Taveras durante el quinto juego de la Serie Mundial y que le dedicó un doblete impulsador que pegó en la parte baja del octavo episodio ha sido el que mejor ha expresado el dolor que siente los peloteros por la muerte de Taveras.

Matheny se unió y exteriorizó ese sentimiento de pérdida que de una manera tan sencilla y humana describió Pérez al decir que era muy duro ver como se quedaba sin un amigo tan cercano, en la plenitud de la vida, con una gran familia y al que todos querían porque eso era lo que trasmitía, un gran cariño.EFE

Los Reales confían en Ventura para seguir con vida

KANSAS CITY, Missouri — Al borde del abismo en la Serie Mundial, los Reales de Kansas City confían ciegamente en Yordano Ventura.

El novato dominicano de 23 años, dueño de una recta que pasa de las 100 millas por hora, será el abridor el martes, cuando los Reales se miden a los Gigantes de San Francisco, que tienen ventaja de 3-2 en el Clásico de Otoño.

Se trata de la misma situación que los Reales afrontaron hace 29 años, cuando enviaron a Charlie Leibrandt al montículo al recibir a los Cardenales. Luego de una mala decisión del umpire de primera base Don Denkinger, un sencillo de dos carreras del emergente Dane Iorg en el noveno inning selló la victoria 2-1. Al día siguiente, los Reales aplastaron 11-0 a San Luis.

En su primera postemporada desde entonces, Kansas City aspira a un segundo campeonato, y espera que se repita la historia en su estadio Kaufmann Park.

“Tenemos una confianza inmensa en Ventura”, dijo el inicialista Eric Hosmer. “Cuando él lanza, tenemos certeza que podemos ganar”.

Durante la campaña regular, el dominicano registró foja de 4.10 y su efectividad de 3.20 es la mejor de los cuatro lanzadores que conforman la rotación de postemporada de los Reales.

Un buen augurio es que los Reales han ganado en las tres aperturas de Ventura en esta postemporada, aunque en todas se fue sin decisión. Luego de ser vapuleado al entrar como relevista en el juego de comodines de la Liga Americana ante Oakland, el derecho exhibe una decorosa efectividad de 3.50 en los playoffs.

Su última salida fue en el segundo duelo de la Serie Mundial, en el que permitió dos carreras y ocho hits en cinco innings y dos tercios, incluyendo un jonrón de Gregor Blanco al iniciar el juego. Kansas City se impuso cuando su trío de formidables relevistas, conformado por Kelvin Herrera, Wade Davisy Greg Holland, silenció a San Francisco.

Ventura comentó el lunes que la clave para lidiar con el rigor físico de su primera temporada completa en las mayores ha sido el consejo de los veteranos de los Reales.

“Sabía que iba a ser una temporada larga, y por eso me prepare”, dijo Ventura. “Yo respeto mucho a mis compañeros y ellos me respetan a mí. Me hablan y me tienen esa confianza porque saben que yo dejo todo en el terreno”.

Su mánager Ned Yost insistió que lo que más le impresiona es su aplomo y capacidad –sin miedo– para atacar la zona de strike.

¿Temor a que Ventura se asuste con la magnitud de un juego que los Reales deben ganar sí o sí?

“No tengo la más mínima inquietud que eso le pueda ocurrir a él”, dijo Yost. “Conocemos su repertorio. Sabemos de su habilidad para competir. Sabe de su capacidad física en el montículo. Su confianza es simplemente asombrosa. Lo tiene en la mirada, ese destello que te dice, `estoy preparado para esto'”.

“Como mánager, cuando ves a alguien que tiene un poco esa actitud de que `no estoy seguro de que voy a dar lo mejor que pueda’, ahí te pones un poquito nervioso. Pero con él no hay nada de nerviosismo. Estoy convencido que saldrá a dejarlo todo”.

Eric Núñez / Associated Press

Asombrosos Royals pero más los Bravos

Coral Gables, Florida (VIP-WIRE).

“Quien puede pagar hoy día los intereses a un Banco, no necesita pedir nada prestado”… Pacomio.-

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Si ganan los Royals esta Serie Mundial, ¿serán los triunfadores menos esperados en la historia?. No señor. Ha habido otros casos más asombrosos.

Transcurrían días como éstos, de finales de octubre pero de 1914, hace ahora cien años, cuando el mundo se aterraba ante la amenaza de sufrir algo que jamás había padecido, una Guerra Mundial.

Los periódicos y las radioemisoras recibían a través del alfabeto Morse las informaciones de cómo iban las acciones de la Primera Guerra Mundial, que había estallado el 28 de julio de ese mismo año 14, y se prolongó hasta junio de 1919, después de perecer más de nueve millones de personas.

Así, involucrados en ese tétrico escenario universal, jugaron la Serie Mundial los Bravos, entonces de Boston y los Atléticos, entonces de Philadelphia bajo la tutela del legendario Connie Mack. Ganaron los bostonianos por barrida, en cuatro juegos.

Solo hacía dos años, desde 1913, que los llamaban Bravos. Antes habían sido los Gorras Rojas (1876-1882), los Comefrijoles (1883-1906), los Palomas (1907-1910) y los Aherrumbrados (1911-1912).

Se vieron tan mal los Bravos en la temporada 1914, que el 18 de julio, 10 días antes de estallar la guerra, eran últimos en el standing de la Nacional, con record de 35-43 y tras Gigantes, Cachorros, Cardenales, Rojos, Phillies, Dodgers y Piratas.

Pero el primero de agosto comenzaron a ser otros, ganaron 11 de 14 juegos y el 23 empataron a los Gigantes en el liderato.

Al mánager, George Stallings, se debió gran parte de ese éxito, porque era muy creativo. Por ejemplo fue el primero en utilizar el platoon, porque tenía cinco outfielder nada buenos al bate y le dio por utilizarlos a todos según los lanzadores que enfrentaban.

Al reseñar esa Serie Mundial, “Sporting Life”, que dedicaba gran espacio al beisbol, afirmó…: “La victoria de los Bravos ha sido la más asombrosa en la historia, la sorpresa menos creíble en el mundo del beisbol”.

RETAZOS.- ** El receptor de los Gigantes, Buster Posey, ha participado en 10 series de postemporadas consecutivas… ** Hay cinco equipos, aparte de los Gigantes, interesados en Pablo Sandoval. Pero nada pueden revelar públicamente hasta que el porteño se declare agente libre, si es que finalmente no lo quieren en San Francisco… ** El mánager Bruce Bochy (Gigantes) insiste en que no ha perdido la confianza en su lanzador novato Hunter Strickeland, vapuleado en el segundo encuentro de la Serie… ** El 17 de este octubre se cumplieron 25 años del terremoto de San Francisco y Oakland, minutos antes del tercer juego de la Serie Mundial entre los equipos de esas dos ciudades. Murieron 67 personas, 629 quedaron lesionadas, mil 972 sin hogares y tuvimos que esperar dos semanas para el tercer juego…

Ahora en juanvene.com, el archivo de estas columnas y mucho más.

Gracias a la vida que me ha dado tanto, incluso un lector como tú.

Jbeisbol5@aol.com
@juanvene5
Juan vene

Reales-Gigantes: último acto de una S.M. impredecible

 

 

 

KANSAS CITY, Missouri — Estar contra la pared es algo a lo que los Reales de Kansas City están avezados.

Después de todo, estuvieron abajo por cuatro carreras en el octavo episodio ante Oakland en el juego de comodines de la Liga Americana y también remontaron desventajas en el noveno y décimo innings.

Sucumbieron en el primer juego de esta Serie Mundial, con lo que se cortó una racha de ocho victorias al inicio la postemporada. Su respuesta fue encadenar triunfos seguidos frente a los Gigantes de San Francisco.

Para mantener encendida la ilusión de conquistar su primer campeonato desde 1985, los Reales recurrirán el martes a Yordano Ventura, un novato dominicano de 23 años.

En procura de su tercer título en los últimos cinco años, San Francisco contará con Jake Peavy, un veterano con 13 años de servicio y ganador del Cy Young en 2007.

Peavy abrió y se consagró campeón de la Serie Mundial del año pasado con los Medias Rojas de Boston. Pero cargó la derrota el miércoles previo en el segundo juego, enfrentando a Ventura, y quedó con marca de 1-4 y 7.05 de efectividad en ocho aperturas de postemporada.

Ventura se convertirá en el cuarto novato con dos aperturas en el Clásico de Otoño desde 2000, uniéndose a John Lackey, Justin Verlander y Michael Wacha.

“Estoy tranquilo, a pitchear como lo he hecho en los juegos anteriores”, dijo Ventura. “A hacer strike y a hacer mi trabajo como lo tengo que hacer… Estamos en casa y tenemos todo el apoyo de los fanáticos. Los muchachos van a jugar fuerte como lo hemos hecho el año entero”.

Pero los campeones de 2010 y 2012 llegan entonados a Kansas City. Luego de ir perdiendo 4-1 a la altura del tercer inning del cuarto juego el sábado, San Francisco ha anotado 15 carreras sin réplica para colocarse a una victoria de emular a los Cardenales de San Luis (1942-46) como los únicos equipos de la Liga Nacional con tres títulos en un lapso de cinco años.

“No vas a cambiar tu estilo porque nos quedan dos o un juego más”, indicó el piloto de los Gigantes Bruce Bochy. “Esperamos que nuestro pitcher esté en forma y que nosotros anotemos carreras… Ellos seguirán iguales. Van a salir a dejarlo todo”.

En los antecedentes de las Series Mundiales al mejor de siete juegos, con formato de 2-3-2, los equipos que regresan a casa abajo 3-2 tienen marca de 13-16 de por vida.

Algo que debe alentar a los Reales es que ocho de los últimos 10 salieron triunfantes, con los Cardenales como el ejemplo más reciente en 2011, al ganar dos seguidos ante Texas en el Busch Stadium. Y los mismos Reales enhebraron tres triunfos consecutivos para despachar a San Luis en 1985.

San Francisco no querrá que la serie se prolongue al máximo. Habría que remontarse a los Piratas de Pittsburgh de 1979 para encontrar al último equipo que de visita ganó el séptimo juego de una Serie Mundial. Y desde 1980 apenas cuatro equipos visitantes han ganado el sexto partido, con los Marlins como los últimos en hacerlo al vencer a Nueva York en el Yankee Stadium en la edición de 2003.

La segunda Serie Mundial dirimida entre comodines ha seguido con exactitud el patrón de la primera en 2002. Entonces, los Gigantes ganaron a domicilio el primer juego, perdieron los dos siguientes y luego sumaron dos victorias en fila para irse arriba 3-2. San Francisco se adelantó 5-0 en el sexto juego en Anaheim, pero acabaron perdiendo 6-5 y los Angelinos se impusieron en el séptimo.

Más que nunca, los Reales dependerán del aliento de su afición. También ayuda el que no deberán vérselas otra vez ante Madison Bumgarner, aunque de repente salga como relevista en un posible séptimo duelo. El zurdo tiró una blanqueda el domingo para poner la serie 3-2 a favor de San Francisco, dejando en 0.29 su efectividad tras 31 episodios lanzando en el clásico. Abrió un partido en el 2010, otro en el 2012 y dos en el actual.

“Ya no tenemos que preocuparnos por Bumgarner”, dijo el jardinero central Jarrod Dyson. “Vamos a enfrentar a pitchers con los que sí podemos lidiar”.

Tal vez resulta apropiado que esta Serie Mundial culmine en el Kauffman Stadium, un parque que llevaba 29 años sin ser anfitrión de juegos de playoff. Fue ahí donde los Reales pusieron en marcha una vibrante postemporada al venir de atrás para ganar 9-8 en 12 innings el juego de comodines, un choque comenzó en el último día de septiembre.

“El sitio será una locura”, pronosticó el mánager de los Reales Ned Yost, quien tras el cuarto juego reveló que su deseo era una serie que se definiera en siete desafíos. “Ahora tendremos que caminar por la cuerda floja sin una red, pero nuestro jugadores no tienen miedo. Si caemos, estamos acabados. Pero si ganamos el martes, nadie tendrá una red”.

Como ocurrió en 2010 y 2012, los Gigantes deberán buscar el título fuera de casa. Están acostumbrados, después de todo fueron el tercer mejor equipo visitante en la Liga Nacional.

“Cuando salimos, tratamos que sea un juego normal, disfrutarlo como si estuviéramos en casa”, comentó Gregor Blanco, el jardinero central venezolano de San Francisco. “Será un atmósfera muy bonita, todo el ruido. Es algo que nos gusta. Durante todo el año, jugamos con casa llena”.

Blanco abrió el segundo juego con un jonrón ante Ventura, pero Kansas City logró reaccionar para imponerse 7-2. Para enfrentar al dominicano que puede tirar rectas sobre 100 millas por hora, Blanco indicó que hay que obligarlo a trabajar con la cuenta: “Debemos agruparnos como equipo para agarrar buenos turnos. Es un pitcher agresivo que puede irse a los lados de la zona, y esperarlo”.

 Eric Núñez / Associated Press

Sandoval va por su tercer anillo de Serie Mundial

 

 

 

KANSAS CITY, Missouri — A Pablo Sandoval le da igual el sitio donde irá por su tercer anillo de campeón de la Serie Mundial con los Gigantes de San Francisco.

“El estar en una Serie Mundial es un privilegio y en mi caso he tenido la bendición que me ha tocado tres veces tenerlo”, dijo el tercera base venezolano. “Donde sea vamos a celebrar”.

Otras conclusiones sobre Sandoval: (a) no le gusta el apodo “Señor Octubre” y (b) se ha convertido en un experto en esquivar las preguntas sobre su inminente agencia libre.

Pero este octubre, en particular, ha consolidado sus pergaminos como un pelotero colosal en la postemporada, inclusive alimentando su leyenda con su actuación en el cuarto partido, en la que evocó el famoso episodio de Michael Jordan al jugar con gripe un duelo de la serie final de la NBA.

Sandoval vomitó tras la práctica de bateo y se tomó una “buena siesta” de media hora antes de salir al terreno el AT&T Park para conectar un sencillo con las bases llenas para romper un empate en el sexto inning ante los Reales de Kansas City.

“Yo lo pondría en la misma categoría que David Ortiz“, dijo Jake Peavy, el pitcher que abrirá por San Francisco el martes con el objetivo de conseguir la victoria que falta para sentenciar el tercer título de los Gigantes en los últimos cinco años.

Peavy sabe de lo que habla. Después de todo, el año pasado tuvo como compañero de equipo en Boston al dominicano Ortiz, el Jugador Más Valioso de la pasada Serie Mundial. Sandoval obtuvo ese galardón hace dos años.

Entre los jugadores con por lo menos 40 turnos al bate acumulados en la Serie Mundial, “Big Papi” Ortiz lidera con su promedio de .455 (20 hits en 44 turnos). El “Kung Fu Panda” ya figura en el séptimo lugar del escalafón con su porcentaje de .390 (16 hits en 41 turnos), empatado con Marquis Grissom.

En la actual serie, Sandoval registra promedio de .364, fruto de ocho hits en 22 turnos.

Ahora, los Gigantes están en casa ajena para consagrarse campeones, de la misma manera como hicieron en 2010 en Texas y nuevamente, dos años después, al sellar una barrida de cuatro juegos en Detroit.

“Las otras series han sido más fáciles”, recordó Sandoval sobre los títulos previos. “Esta es una serie en la que hemos tenido que trabajar más, sufrir más. Y lo estoy disfrutando. Me gusta la presión y así es este deporte, en el que un día las cosas te salen y en otro puede que no”.

La noche del domingo, Sandoval pudo haber jugado por última vez en casa con los Gigantes.

El venezolano podrá declararse agente libre en los próximos días y su desempeño en esta postemporada ha disparado su cotización, seguramente para eclipsar el contrato que con frecuencia es señalado como una pauta, el de los 90 millones de dólares por cinco años que su compañeroHunter Pence firmó al final de la pasada campaña.

También ha demostrado su calidad defensiva, con varias jugadas vistosas como la del domingo, cuando fildeó un rodado saltarín de Eric Hosmer y pudo sacar el tiro a primera base en el cuarto inning. El último out fue también suyo al recoger otro rodado de Hosmer para otro tiro perfecto a la inicial.

“Ha estado muy bien en tercera durante todo el año”, dijo el mánager Bruce Bochy. “Se ha abierto paso entre los mejores antesalistas del béisbol y ese es un mérito suyo por todo el trabajo que le dedica”.

Si el juego del domingo fue el último, Sandoval dejó otro recuerdo para la afición que le idolatra en San Francisco, en la que desde abuelas hasta niños disfrutan poniéndose máscaras y sombreros de lana con la imagen de un panda.

Tras el último out, Sandoval pegó un brinco enorme junto al primera base Brandon Belt, un compañero mucho más alto que él: “Fue la primera vez que intenté eso”, dijo Sandoval sobre la pirueta.

“Ya tendremos un momento para hablar de esas cosas”, añadió sobre la expectativa sobre su futuro contrato. “Ahora estoy concentrado con el equipo”.

Eric Núñez / Associated Press

A Giants Rookie’s Rise, Just a Bit Cartoonish

SAN FRANCISCO — He wears sunglasses in the dark, talks about himself in the third person and has a bodybuilder’s physique, but the minor character infiltrating this year’s World Series wears the uniform of neither the Kansas City Royals nor the San Francisco Giants. Duffman, an animated figure from “The Simpsons,” is the alter ego of the Giants rookie Matt Duffy, who has covered the knob of his bats with decals of the cartoon character as a caped cleanup hitter.

In Game 4 on Saturday night, Duffy wielded his bat like a tourniquet and helped stanch the Giants’ bleeding. After the Royals scored four runs in the top of the third to take a 4-1 lead, Duffy, hitting for reliever Jean Machi, singled and scored on a Buster Posey single to begin the Giants’ 11-4 comeback victory to even the Series at two games each.

Duffman, the faux beer pitchman with the big muscles, and Duffy, the real-deal infielder with the scrawny body, were joined at the quip by a California sportswriter at The Long Beach Press-Telegram when Duffy was in high school.

The nickname stuck, so this year, while starring for the Class AA Richmond Flying Squirrels, Duffy ordered the Duffman decals. By the time they were shipped to him in early August, Duffy had been called up to the big leagues, and so the package traveled from Richmond to New York to Milwaukee to Kansas City, making more stops on the way to San Francisco than Duffy, a 2012 draft pick, actually did.

In the Giants’ dugout, Duffy’s bats fit right in on racks that hold other decorated wooden knobs, including Pablo Sandoval’s “Congo de Africa” tribal mask design.

In the clubhouse, however, Duffy stands apart. If he did not exist, the Simpsons’ creator, Matt Groening, might have drawn him.

At 6 feet 2 inches, Duffy is 170 pounds of bones, with a long, angular face and bushy eyebrows. When he uncoils his body, he has more sharp edges than a Swiss Army knife (and he has the same versatility, making appearances at shortstop, second and third this season for the Giants).

Duffy, 23, is the youngest player on the Giants’ 25-man World Series roster and one of five rookies eligible to play against the Royals. But it is not his first trip to a World Series involving the Giants. In 2002, Duffy attended San Francisco’s Game 6 against the Angels at Edison Field (now Angel Stadium), a 30-minute drive from Lakewood, Calif., where his family lives. He could have flown home on merriment’s wings after the Angels erased a five-run deficit on the way to forcing a Game 7, which they won.

Up until the day he was drafted, the Angels were Duffy’s favorite team. From Scott Spiezio’s homer off Felix Rodriguez to Troy Glaus’s game-deciding two-run double, Duffy can recall virtually every detail of the World Series he watched from the stands. But do not bother pressing him for details of the postseason in which he is an active participant. He has gone through it as if in a China Basin fog.

“The night we made it to the World Series, I woke up the next day and everything felt like I was waking up from a dream,” Duffy said. “It didn’t feel real.”

Nearly 50 years ago, in 1968, his family was touched by a major event, but unhappily. His paternal grandmother was an executive assistant to Pierre Salinger, a San Francisco native who was working on Robert F. Kennedy’s presidential campaign. She was in the vicinity when Kennedy was assassinated the night of the California primary.

“I actually did a report on her in the fifth grade,” Duffy said. “I sat down and interviewed her with a microphone.”

All these years later, Duffy is adding a more cheerful chapter to family history. Entering Game 2 of the National League Championship Series as a pinch-runner in the ninth, he showed great instincts in not getting caught off second on a line-drive out, then scored from second on a wild pitch to tie the game, although the Cardinals pulled out the victory in the bottom of the inning.

According to Major League Baseball’s Statcast technology, Duffy reached full speed in 1.76 seconds and reached a top speed of 20.3 miles per hour as he raced toward home. “It might be the fastest I’ve ever run,” Duffy said. “I feel like I blacked out from about halfway to third until I got in the dugout. I don’t remember anything.”

He amended himself. “I do remember, halfway to home, I felt like I was going to fall on my face because of my forward lean,” he said.

The seeming ease of Duffy’s ascent — he was taken by the Giants as an unimposing 18th-round pick out of California State University at Long Beach — is almost another cartoonish distortion, a sketch missing the weighty details that are the ballast of his success.

Consider the speed he showcased against the Cardinals. Duffy has spent countless hours and dollars working with Rob Nelson, a speed coach, to make his base path sprints look natural.

“Before, he was not running quietly,” said Duffy’s father, Tom, a contractor. “His mechanics were a mess.”

Actually, nothing has ever come that easy to Duffy, who in junior high started making daily lists of what he wanted to accomplish during his waking hours to improve as a player. Before becoming a standout in the Cape Cod League in 2011, Duffy had to scramble for a roster spot.

Before his junior season in college, he had surgery for a digestive disorder, lost weight, struggled to regain his strength and saw his draft stock plummet. He was selected 568th over all, but he vowed that none of the players taken before him would outwork him.

Duffy doubled the time he spent absorbing the lessons in his baseball bible, “The Mental Keys to Hitting,” written by Harvey Dorfman, a mental performance coach for the Oakland Athletics in the mid-1980s.

The book, a gift before his first spring training in 2013 from a coach he met in the Cape Cod League, has writing in the margins, tabs on some pages and passages highlighted in marker on almost every page. Duffy, who hit an impressive .332 in Class AA this season, said he had read it eight or nine times.

“He carries it everywhere,” Duffy’s father said, adding: “I’m always handing him things to read and saying, ‘Check this out,’ and it sometimes irritates him. But when I saw that book, I realized he studies the game more than I realize.”

On Saturday, when Duffy dug in at the plate for his World Series debut, his focus was on the ball — that’s all.

“Before I read the book, I would focus on my mechanics in the cage and during batting practice and when I was up at the plate,” he said. “Now I just trust the work I’ve put in and concentrate on seeing the ball and making the ball look as big as it possibly can and putting the barrel where the ball is.”

Before Duffy sees the ball, he sees Duffman on the knob of his bat.

“It gives me a little bit of a smirk,” Duffy said. “I think it does definitely give this whole experience more of a childlike spin to it. I’m able to relax and take it all for what it is.”

OCT. 25, 2014

Infante busca sacarse la espina de Gigantes ahora

 

 

 

SAN FRANCISCO — Los Gigantes de San Francisco han destrozado los sueños de muchos equipos desde el 2010, ganando ocho series consecutivas-más un Juego del Comodín este año-al ganar dos Series Mundiales y luchar por otro título en el 2014.

Una de las víctimas de la proeza de los dirigidos por Bruce Bochy ha sido Omar Infante. El segunda base de los Reales enfrenta por segunda vez en tres años a los Gigantes en el Clásico de Otoño, ya que el venezolano fue parte de unos Tigres de Detroit que fueron barridos por San Francisco en el 2012.

En ese entonces, los Tigres venían de barrer a los Yankees en la Serie de Campeonato de la Liga Americana y se veían bien fuertes a la hora de iniciar su choque con los Gigantes.

“Nos ganaron cuatro juegos consecutivos, que significó mucho”, dijo Infante, quien llegó al Juego 5 de la Serie Mundial del 2014 con un jonrón y cuatro empujadas. “Nunca pensamos que ellos nos fueran a ganar cuatro seguidos, con el equipo que nosotros teníamos”.

¿Hay sed de venganza para Infante en esta “revancha” particular con los Gigantes?

“Personalmente, claro que sí”, dijo el veterano, quien también fue parte del equipo de Detroit que perdió la Serie Mundial del 2006 ante los Cardenales. “Hace dos años choqué con ellos y no pudimos ganarles.

“Creo que la pelota es así”, continuó Infante al hablar de la garra de los Gigantes en estos últimos años bajo el mando de Bochy. “Ellos tienen un gran equipo. Tienen grandes bateadores, gran pitcheo y no es fácil competir con un equipo tan valioso como el de San Francisco”.

David Venn / LasMayores.com 

Yost ajusta el lineup de Reales para el Juego 5

 

 

 

SAN FRANCISCO — El manager de los Reales, Ned Yost, le hizo algunos cambios a su lineup titular para el Juego 5 de la Serie Mundial contra los Gigantes en el AT&T Park.

Debido a la presencia del zurdo Madison Bugmarner en la lomita por San Francisco, Yost quiso separar a sus mejores bateadores zurdos en el orden y, a la vez, darle un mejor puesto al venezolano Salvador Pérez, quien le disparó cuadrangular a Bumgarner en el Juego 1.

Pérez subió de séptimo a quinto bate, mientras que Moustakas fue movido de quinto a sexto. De su parte, Omar Infante, quien había fungido como sexto en el orden en los primeros dos partidos en San Francisco, fue bajado a séptimo.

“Queríamos dividir nuestros dos zurdos, Moose y Hoz (Eric Hosmer), con Bumgarner lanzando”, dijo Yost. “Y subimos dos puestos a Salvy porque él tuvo turnos bastante buenos frente a Bumgarner la última vez”.

A continuación, la alineación de los Reales para el Juego 5 contra San Francisco el domingo:

1. Alcides Escobar SS,
2. Alex Gordon LF,
3. Lorenzo Cain RF,
4. Eric Hosmer 1B,
5. Salvador Pérez C,
6. Mike Moustakas 3B,
7. Omar Infante 2B,
8. Jarrod Dyson CF,
9. James Shields P.

 David Venn / LasMayores.com 

CUANDO HAY VERGUENZA SOBRA EL DINERO

maddonPor Andrés Pascual

Tampa tuvo al hombre durante “muchos años”, que 9 en el beisbol es tiempo, querían más con el individuo en el banco, pero los ajustes de oficina regresaron al inicio y convirtieron al club en otro muy lejos del que Joe Maddon dirigió, durante una trayectoria que le coloca entre los managers de Grandes Ligas con record ganador en más de 1400 juegos dirigidos, incluida una Serie Mundial, 4 postemporadas y dos títulos de división.

En el link que pegué informan, sin comentar a fondo, las causas de la renuncia del dirigente a más dinero , dejando en manos del libre albedrio especulativo tratar de adivinar lo que, para casos como este, significa “decidió buscar otros horizontes”, “olfatear el mercado” y terminar “rescindió el contrato…”, igual a “se las dejo en la mano”, jugada de elección o “fielder choice”, tan inteligente como agresiva en interés personal; quizás esperada, pero, como acostumbra la media de hoy, sin otro análisis serio que acompañe simplezas que no conforman ni convencen; sobre todo, porque a ese club lo “hicieron leña”, que no es necesario “descubrirlo”:

http://www.elnuevoherald.com/deportes/beisbol/article3362615.html

Yo creo que Maddon hubiera querido dirigir al Tampa mucho más tiempo que los 51 años que Mack a los A’s de Filadelfia, se trata de un hombre capaz, de buen carácter, pero recto, con sentido de la disciplina y con los medios para imponerla por su personalidad, parece que fue querido sin ojerizas por los jugadores y aceptado como lo que es, un buen manager, por la gerencia, claro, si la prensa que ha cubierto al club no ha escondido algo diferente a la apreciación, que ha sucedido y el nombre es conspiración, por debajo de la mesa “a billetazo limpio”, para silenciar bocas y apagar computadoras.

Mark Friedman, ex Jefe de Operaciones de Tampa, artífice de la conversión del club en uno de primera división como inquilinos del estadio de la marca del jugo de naranja, se fue con su música a los Dodgers.

Esta campaña el equipo jugó para menos de .500 y perdieron a David Price, uno de los mejores zurdos de ambas ligas, antes sucedió con James Schields, que está en el Clásico de Octubre con Kansas City.

Joe Maddon sabe perfectamente bien que hay nubes negras en el horizonte del Tampa, malos tiempos que comenzaron este año, que tal vez haya disgusto entre los jugadores y la campaña desastrosa de Evan Longoria lo reafirma, un jugador estella que dejó de ganar 125 millones más, porque le escondieron las posibilidades del mercado según su clase y firmó una extensión como novato de primer año.

Maddon entendió que, si el club repetía otra temporada como la que acaba de terminar, en vez de “con las botas puestas”, bajo renuncia y rechazo personal a la nueva y jugosa proposición que le hicieron, hubiera salido por cualquier ventana abierta, botado sin contemplaciones, posiblemente antes de concluir la campaña, es decir, “con el rabo entre las piernas” y con menos garantía para explorar el mercado de verdad. Suficiente razón cuando hay verguenza para irse hasta del paraíso si llega Fidel Castro.

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