Mejor pagados por posiciones / Juan Venè

Juan Vene en la pelota

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Coral Gables, Florida (VIP-WIRE).-

“Los obstáculos brindan una gran satisfacción, cuando uno los soluciona, ¿o no?”… Joseph McKadew.-

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Hoy es día del Correo, como todos los martes. Y mañana también lo será.

Ahora en juanvene.com, el archivo de estas columnas y mucho más.

Imposible contestar a quienes no envían sus nombres ni desde dónde escriben. ¡Por favor!

David F. Abrahán, de Mérida. Yucatán, opina…: “Muy acertada la ayuda gratuita que le ofreció a los nuevos propietarios de los Leones, Juan José y Erick Arellano. Me refiero a su nota acerca del abandono del equipo en cuanto a promociones y relaciones públicas. Yo soy fanático de los Leones desde niño, pero ahora me es imposible conocerlos mejor, saber lo que les ocurre por dentro, porque no hay nada, pero nada de eso. Me imagino que los Arellano ya lo habrán llamado para agradecerle su gentileza y preocupación, ya que les ha enseñado cómo ganar más dinero en el beisbol”.

Felipe Garza P. de Hermosillo, pregunta…: “¿Cuales jugadores de MLB por posición son los que tienen mejores ingresos en esta temporada, y son los mejores? Además, ¿visitará nuestra ciudad algún día?”.

Amigo Lipe…: P.- Zack Greinke (Dodgers), 28 millones de dólares… C.- Joe Mauer (Twins), 23 millones… 1B.- Ryan Howard (Phillies), 25 millones… 2B.- Róbinson Canó (Marineros), 24 millones… 3B.- Miguel Cabrera (Tigres), 21 millones 943 mil 26… SS.- José Reyes (Blue Jays), Troy Tulowitzki (Rockies) y Hanley Ramírez (Dodgers) 16 millones cada uno… OF.- Matt Kemp (Dodgers), 21 millones 250 mil, Jácoby Ellsbury (Yankees), 21 millones 142 mil 857 y Josh Hámilton (Angelinos), 17 millones… Sí son los mejores y muy a menudo visito Hermosillo, exquisita ciudad, gracias a su gente.

Bernardo Meléndez, de Carora, pregunta…: “¿Qué sabe del beisbol tradicional de Carora?”.

Amigo Bernnie…: En el beisbol propiamente dicho, Carora fue la cuna de los famosos Cardenales de Lara, uno de cuatro equipos que dividían la ciudad en cuatro partes iguales. Ahora, si preguntas por el juego de pelota de Carora, es original de los aborígenes, y se practica todavía en esa ciudad y en el Estado Trujillo. Pero no es parecido al beisbol, aún cuando sí muy interesante.

Francisco Severino, de Roma, Italia, pregunta…: “¿Por qué en 1961 aparecieron los Senadores de Washington como equipo de expansión, si hasta 1960 hubo otros Senadores que se mudaron a Minnesota. No era más lógico que los nuevos propietarios compraran esa vieja franquicia?”.

Amigo Paco…: Calvin Griffith y sus hermanos no tenían interés en vender el equipo, sino en llevarlo a Minnesota. Por otra parte, la Liga Americana quería expandirse de ocho a 10 franquicias, por lo que aceptaron a los nuevos Senadores y nacieron los Angelinos.

Rodolfo Nava H. de Nuevo Laredo, envió esta frase…: “Es muy triste amar sin amado, pero es más triste acostarse sin haber cenado”.

Amigo Ruddy…: ¡Graaaacias!.

Gracias a la vida que me ha dado tanto, incluso un lector como tú.

Jbeisbol5@aol.com

@juanvene5

Los uniformes más feos en la historia

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Si algo caracteriza al béisbol, son sus uniformes. La mayoría sobrios, elegantes, que llaman mucho la atención. Pero en la historia del béisbol han existido indumentarias dignas del “salón de la infamia”. A continuación, el recuento de algunos de ellos:

1.- Chicago White Sox: En 1976, los White Sox sacaron un uniforme con…¿Shorts? ¿En serio?

2.- New York Mets: En 1999, Major League Baseball tuvo la idea de que los equipos hicieran uniformes “futuristas”. Los Mets se tomaron muy en serio lo de “futuristas”, así que por una noche fueron los “Mets de Mercurio”. El resultado fue…no muy bueno.

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3.- Colorado Rockies / Pittsburgh Pirates / Seattle Mariners : En esa misma campaña de MLB llamada “Turn Ahead The Clock”, equipos como Rockies, Pirates y Mariners decidieron sacar un jersey con su logo ocupando casi todo el espacio. Mala idea.

4.- San Diego Padres: Si bien no es bonito, ha tenido mucho éxito. Tanto así que nuestra Liga Mexicana de Béisbol adaptó el camuflaje para todos sus equipos en 2013.

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5.- Tampa Bay Devil Rays: Un degradado en un uniforme deportivo generalmente se ve mal.

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6.- San Diego Padres (bis): ¿Uniforme o pijama amarilla?

7.- Arizona Diamondbacks: Nuevamente hace su aparición en este artículo la campaña “Turn Ahead the clock”. Horrible.

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8.- Kansas City Royals: Mal por donde se le vea.

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9.- Philadelphia Phillies: “Los Tomatitos de Filadelfia”

10.- Fresno Grizzlies : ¡Atínale al precio del jersey!

11.- Pittsburgh Pirates: ¿Para qué hacer un jersey de un color que no sobresale en tu escudo?

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Mención Honorífica: Houston Astros. A algunos les parece espantoso, y a otros de los mejores de todos los tiempos.

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Jorge Pérez Polanco

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Recordando a Víctor Davalillo // Por: Felipe Elías Mujica

Jim Sadowski lanzador norteamericano que vino con los Navegantes del Magallanes, fue la víctima de Víctor Davalillo el 5 de diciembre de 1974. Fecha en la cual el inmortal pelotero zuliano, conectó su milésimo hit en la pelota criolla.
Ayer, justamente en el duelo entre Melenudos y Turcos, se cumplieron 36 años de esa gran hazaña,  que en ese momento asociaba al selecto club solo a Luís “Camaleón” García, Teolindo Acosta y Davalillo.

“Vitico” encabeza a los líderes de por vida hits conectados con 1505, Teolindo Acosta lo sigue con 1289, Robert Pérez 1265, Cesar Tovar 1254, Camaleón García 1067 y Luis Sojo 1007.

Regresando a la recordada jornada en el José Bernardo Pérez, Sadowski había retirado a seis en fila, “Vitico” consumía turno con 999 hits en su carrera, al primer lanzamiento del derecho, Davalillo se la devolvió con mucha fuerza por el centro del campo para estrellarla contra el pitcher.

El juego se detuvo, pero no sólo para celebrar la hazaña del zuliano, también para auxiliar a Sadowski, quien se retorcía de dolor en su brazo izquierdo. Tuvo que salir del encuentro y dar paso a Manuel Sarmiento, quien lo relevó.

Davalillo de 36 años necesitó 17 temporadas, 792 juegos y 2906 veces al bate para arribar a la ansiada cifra. Nunca el hábil pelotero se conformó con eso, jugó 13 zafras más para ser uno de los mejores  que ha jugado en Venezuela.

Ayer, Oscar “El Cachi” Salazar de 33 años en su decimocuarta temporada, conectó el hit 600 en la LVBP,  es uno de los peloteros activos con más indiscutibles.

“Gracias a Dios por permitirme conectar 600 hits, mientras haya salud conectaré muchos más”. Dijo el Cachi al final del juego dominical. Robert Pérez y Tomas Pérez son los activos con más hits en la LVBP con 1265 y 876 respectivamente.

El hombre que amenaza la leyenda de Vitico es Robert Pérez, quien con 42 años lidera a los activos en temporadas con 23, en juegos jugados (1157), turnos al bate (4329) carreras anotadas (589) hits (1266) dobles (210) triples (35) jonrones (120) carreras empujadas (681) bases robadas (81).

Davalillo jugó hasta que cumplió 48 años de edad, aún “La Pared Negra” como le dicen a Pérez en Barquisimeto no tiene previsto el fin de su carrera. De tener una carrera tan longeva como la del zuliano, muchos registros podrían pasar a sus manos.

Mientras Davalillo jugó hasta 16 años en las Grandes Ligas, conectando también más de mil hits en el mejor beisbol del mundo, Pérez nunca pudo establecerse en las mayores, solo jugó en seis zafras de manera inconsistente.

Que mejor fecha para recordar la hazaña del hit mil de Vitico. Hacerlo en el marco de un juego entre los eternos rivales es ideal, y mejor imposible, si además se acompaña de una sólida victoria de la tropa melenuda.

Víctor Davalillo, Vitico Davalillo

 

 

NOTA   :    Esta crónica es de hace dos años , pero reseña muy bien el hit 1000 de Vitico.

Las mejores frases del béisbol

Las mejores frases del béisbol…que han hecho timbrar millones de oídos

Karina García nos lleva a un viaje por las ocurrencias de las estrellas de la pelota que a su manera han retratado oralmente para la posteridad pasajes del “Rey de los Deportes”.

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Por Karina García de Pelotapimienta,com

México.- “El beisbol es un deporte verdaderamente extraño”, sinceramente estoy acostumbrada a escuchar una variedad de adjetivos hacia el deporte que tanto me apasiona, he de confesar que, viviendo en una ciudad 100% futbolera, la mayoría de estos son negativos y se limitan a: largo, tedioso, complicado, vaya: aburrido; por eso el escuchar un adjetivo diferente y tan ambiguo como lo es “extraño” me llamó la atención, no por el significado de la palabra en sí, si no por el contexto. Cuando no contamos con las bases suficientes para dar un calificativo recurrimos a palabras que nos sirvan de maquillaje para cubrir los espacios de información.

Difícil expresar con palabras escritas la forma oral con la que fue dicha la frase, no se trataba de un reclamo, sino de una afirmación y un halago. A la cual respondí: el deporte no es extraño, extraño es el encanto que tiene. Si, lo acepto, mi respuesta parece sacada de un guion de una película rosa de Hollywood, pero fue esa misma respuesta la que dio paso a recordar una serie de frases épicas sobre el béisbol que han sido dichas por los protagonistas que han escrito su fascinante historia:

“Hay un solo juego y ese juego es el béisbol”, John McGraw, frase dicha por el manager ganador de tres series mundiales con los Gigantes de San Francisco, parecería 100% elitista, pero dicha por un manager como McGraw que se caracterizaba por su carácter fuerte y cero sentimental dentro y fuera del dugout nadie se atrevió a contradecirlo, al menos en su presencia.

“El público no abuchea a los Don nadie” , Reggie Jackson,”Mr. Octubre”, jugador con un swing privilegiado que conectó tres cuadrangulares en el sexto juego de la Serie Mundial de 1977. Miembro del Salón de la Fama del béisbol desde 1993.

“He llegado a la conclusión de que las dos cosas más importantes en la vida son: buenos amigos y un buen bullpen”. Bob Lemon, jugador de cuadro que obtuvo su verdadero brillo como lanzador, al superar la marca de veinte victorias o más durante nueve años.

“El béisbol es sólo un juego, si, y el Gran Cañón de Colorado es solo un hueco en medio de Arizona”. George F. Will, periodista, ganador del premio Pulitzer.

“El béisbol es como ir a misa, muchos asisten y pocos entienden”. Leo Durocher, campeón de la Serie Mundial en 1928 con los Yankees de Nueva York.

“Un beisbolista no tiene por qué gustarle el manager y tampoco tiene que respetarlo. Todo lo que tiene que hacer es obedecer las reglas”. Sparky Anderson, manager miembro del Salón de la Fama, campeón en tres ocasiones de la Serie Mundial, dos con los Rojos de Cincinnati y una con Tigres de Detroit.

“El béisbol no son estadísticas, el béisbol es Joe DiMaggio doblando por la segunda base”. Jimmy Breslin, periodista.

Jackie

“El béisbol es como el juego de póker, nadie quiere irse cuando está perdiendo y nadie quiere que te vayas cuando estás ganando”. Jackie Robinson, jugador que rompió con los paradigmas racistas del béisbol al convertirse en el primer afroamericano en ingresar a las Ligas Mayores.

“El béisbol es ballet sin música, drama sin palabras”. Ernie Harwell, legendaria voz de la crónica del béisbol.

“No me interesa cuanto tiempo he estado en el juego, nunca lo has visto todo”. Bill Veeck, promotor de béisbol, fue propietario de los Indios de Cleveland y Medias Blancas de Chicago.

“La diferencia entre un jugador nuevo y uno viejo está en el jersey, a los jóvenes les importa el nombre que tienen en la parte de atrás, mientras que los veteranos le dan mayor importancia al nombre que llevan por delante”. Steve Garvey, ex jugador de los Dodgers y Padres de San Diego, ganador del MVP en 1974, estableció el récord en la Liga Nacional de juegos consecutivos con 1,207.

“Esto no se acaba, hasta que se acaba”. Yogi Berra, el cátcher icono de los Yankees de Nueva York es el autor de una de las frases más recurridas y conocidas por fanáticos del béisbol.

“Existen tres cosas que pueden pasar en el béisbol: puedes ganar, puedes perder o puede llover”. Casey Stengel,”el viejo profesor” jugador y manager, recordado por su peculiar manera de contar historias. Su vida giraba en torno al béisbol y a su esposa.

“Hay tres clases de peloteros: aquellos que hacen que las cosas pasen, los que ven lo que pasa y los que se preguntan ¿Qué pasa?”. Tommy Lasorda, ex jugador que ha tenido una larga carrera en la gestión deportiva de las mayores.
La lista sería interminable, como interminable son las emociones que brinda el rey de los deportes, emociones que, como en la lucha libre, son sin límite de tiempo. El deporte rey que mezcla disciplinas inimaginables, donde una recta puede ser tan letal como el mejor jab de un boxeador, donde la velocidad con la que un brazo lanza una pelota es tan impactante como la velocidad que alcanzan los automóviles en la Formula 1, donde los “caballos” compiten entre ellos no sólo cargando a un hombre, sino a todo un equipo y afición, donde cada jugada se analiza como cada movimiento en un tablero de ajedrez. Un deporte donde en cada juego puedes ser espectador de un ciclo olímpico: el atletismo en cada robo de base, clavados perfectos en cada llegada a home, salto de altura al colgarse del cielo para atrapar una pelota e impedir que el rival llegue a la primera almohadilla o un extra base, tiro con arco utilizando como flecha una pelota lanzándola al centro de un guante y toda la elegancia de la gimnasia en cada turno al bat o al momento de presentar una pelota.

Así fue como una afirmación obtuvo una respuesta, esa respuesta hizo recordar frases memorables, esas frases tuvieron como resultado el reafirmar la supremacía del deporte rey y lo complejo de éste al lograr conjugar varias disciplinas y al final me quedo con la frase del gran Connie Mack, manager de los Atléticos de Filadelfia durante cincuenta años, “No importa de que esté hablando, siempre regreso al béisbol”.

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— Gustavo Hidalgo E (@Beisbol007) October 2, 2013

Alfonso «Chico» Carrasquel Con la V en el pecho

Fragmento) Alfonso «Chico» Carrasquel. Con la V en el pecho -

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En los años 50 los latinos éramos vistos y tratados como a los negros. Y hay que ver lo que eso significaba. Anteriormente hubo latinos que jugaron beisbol de Grandes Ligas. Recuerdo a Miguel Ángel González, un hombre rubio; el cubano Adolfo Luque, también rubio; un pelotero venezolano, el Látigo Hernández; mi tío Alejandro, que era un tipo blanco, alto, fuerte. Pero solamente el hecho de llevar el nombre Hernández, González, Carrasquel, nos marcaba como no blancos para el beisbol de Grandes Ligas. Podíamos jugar en esa categoría pero siempre nos rodeaba cierto rechazo que actuaba para los negros y para nosotros, no para los italianos ni para los judíos; al menos yo no lo percibí.

Eso lo viví muy profundamente no solo por la segregación de que yo era objeto por ser latino, sino por las humillaciones que debió soportar mi gran amigo y excelente pelotero Orestes Miñoso: cubano y negro. En el año 52, Paul Richards nos reunió para informarnos que el equipo había decidido integrar un pelotero negro… era Miñoso. Muchas veces, cuando viajábamos, el autobús se paraba en un restorán de carretera para que los peloteros bajáramos a comer. Pero Miñoso no podía hacerlo, tenía que quedarse en el autobús porque era negro. Entonces yo le preguntaba qué quería que le trajera, lo compraba y se lo traía al autobús donde comíamos los dos. En una ocasión le dije: fíjate en el lujo que te estás dando, no te dejan bajar de esta vaina porque eres negro y yo, un blanco, te tomo la orden, te traigo la comida y te sirvo. Y Miñoso me dijo: no comas mierda, viejo, que tú juegas en las dos ligas. Qué gran carajo. Es muy ocurrente. Miñoso se ufana de tener un miembro muy grande y los que han estado en un vestidor cuando él sale de la ducha saben que no le faltan razones. En la época del racismo más violento, Miñoso salía desnudo, se ponía su miembro hacia atrás, como una cola, y hacía la imitación de un mono. Era una broma pero a la vez un desafío, era como si dijera: soy un mono, ¿verdad?, miren al mono, aquí, en medio de todos ustedes, blancos de pipí chiquito.

Hemos sido muy, muy amigos. Él vive en Chicago y con mucha frecuencia nos reunimos para conversar, recordar todas estas cosas y nos reímos mucho. Hace poco hicimos, con las señoras, un crucero por el Caribe, seis días con sus noches en que no hicimos sino hablar de la gran época y morirnos de risa. Aunque hoy en día a Miñoso no le gusta mucho hablar de beisbol sino de sus novias. Le encanta eso y a veces peleamos, porque cuando yo empecé en las Grandes Ligas era un jovencito y Miñoso un hombre hecho y derecho; ahora resulta que yo soy mayor que él. Le encanta bailar, ha sido un gran admirador de Beny Moré y cuando viajábamos por tren —donde nos ponían en los últimos compartimientos dejando a los blancos delante— íbamos todo el tiempo conversando y escuchando al Beny.

Ahora uno habla así, con nostalgia de esos años, pero el racismo era duro. Y también el beisbol lo era. Esa era la época en que los contrarios se te tiraban encima para sacarte del juego. Como yo jugaba en la posición deshortstop, los corredores trataban de lastimarme para sacarme del campo. No por nada conservo las cicatrices de más de cien puntos que me cosieron en las piernas. Hoy me cortaban y me cogían dos puntos, mañana cuatro y así. Sin dejar de jugar nunca. Ni pelear fuera del terreno. Esta cicatriz que tengo aquí es un recuerdo de HankBauer, un jugador de los Yankees, que me hirió en el primer inning. Se me tiró en segunda, yo iba a hacer una jugada de doble play, él se me echó encima y me clavó losspikes aquí. Decidí no decirle nada al masajista para que no me sacaran del juego. Me puse de acuerdo con el segunda base: cuando este señor se embase nuevamente, le dije, si te batean por donde estás tú me la pasas rápido que yo se la voy a tirar a la cara. Pasó ese inning y el hombre no se embasaba. Vino el otro y nada. Se vino embasando como en el séptimo u octavo inning, ya para terminar el juego. Y efectivamente, cuando el segunda base me pasó la pelota a mí yo se la tiré a la cara, casi para pegarle, en realidad quería darle un susto. Cuando terminó el juego tuve que ir donde el masajista quien se asombró de que yo hubiera estado desde el primer inning con aquella herida. Vestido de pelotero me metieron en una ambulancia y con la sirena atronando recorrimos las calles de Chicago hasta llegar al hospital donde me sacaron el montón de tierra que tenía allí adentro y me hicieron catorce puntos.

Era un juego rudo, por donde se lo mirara. Yo recibí pelotazos… es muy curioso el cuerpo del hombre: uno recibe un pelotazo ahí, entre las piernas, y el dolor, espantoso, lo siente es aquí, en la garganta. Se tranca la respiración. En mi época había poca protección para el cuerpo del pelotero, nosotros no usábamos ni guantines para batear, ni casco para la cabeza. Uno se paraba en el home plate para batear los lanzamientos de un Bob Feller —uno de los pitchers con mayor velocidad en la historia del beisbol— con una simple gorra. No era broma. Muchos peloteros recibieron lesiones tan graves que debieron abandonar el beisbol. Pero sí, hay que acostumbrarse a verse venir una bola a cien millas por hora. Y uno no puede sentir miedo.

Dicen que la época más difícil del beisbol fue la del 50, año en que los peloteros comienzan a reincorporarse a la pelota después de la Segunda Guerra Mundial y posteriormente de la Guerra de Corea. Tenían más estilo de hombres de guerra que de peloteros. Y los mejores eran, justamente, los veteranos que además eran vistos por los fanáticos como héroes. Allie Reynolds, por ejemplo, era un pitcher de los Yankees que cuando uno le iba a batear lo miraba con un odio. Más de una vez yo pedí tiempo para preguntar qué le pasaba a aquel hombre conmigo. Parecía estar a punto de iniciar una pelea feroz. Es el mismo caso de Early Winn o de Hank Bauer. Había uno, Ferris Fain, que peleaba hasta con sus propios compañeros. Todos ellos eran veteranos en trance de reintegrarse a la vida civil y al beisbol. Ted Williams había sido oficial de la Aviación, inclusive le habían tumbado el avión que piloteaba y había estado a punto de morir en plena guerra. Otro, llamado Mickey Grasso, catcher de los Senadores de Washington, era un hombre que cada vez que cobraba, cambiaba el cheque y se lo invertía íntegro en él mismo, en ropa, perfumes, zapatos… decía que había escapado de un campo de concentración alemán y que cada momento de vida era un extra que debía pasárselo lo mejor posible. Lo escuché decir que él había estado muerto, que sabía lo que era la muerte y estaba decidido a vivir para él en lo sucesivo. Cuando viajábamos en tren, muchos de ellos se ponían a hablar de sus experiencias en la guerra. Mike García, un pitcher de los Indios de Cleveland, de ascendencia mexicana, hablaba conmigo en español y me contaba que él pertenecía a un comando que tenía que desembarcar en las playas ocupadas por los japoneses. Explotaba una mina que mataba al que iba delante y el siguiente debía avanzar para marcar la ruta por donde podía desembarcar la Marina. Su trabajo consistía en pisar terrenos minados y recoger los cuerpos destrozados de sus compañeros muertos. Estaba también el primera base de los Indios de Cleveland, Bic Wertz, completamente calvo. Era joven pero no tenía un pelo en la cabeza. Como teníamos cierta confianza, un día le pregunté qué había pasado con su pelo. Me contó que lo había dejado en los pantanos donde se había sumergido durante la guerra. Uno salía del pantano, me dijo, y el fango se quedaba en el casco, en la cabeza, justo en la raíz del pelo. No era fácil para nosotros, los latinos, convivir con ellos que no nos querían mucho y que además tenían ese carácter endemoniado. Una noche, en un tren, estaba conversando con Beto Ávila (quien es muy orgulloso de su origen, como todos los mexicanos) y cerca había un grupo de peloteros norteamericanos que estaban tomando cervezas. Cuando pasaron al lado de nosotros, uno de ellos comentó que nosotros debíamos agradecer al cielo que en los Estados Unidos se jugara beisbol porque de lo contrario estaríamos en las carreteras de México gritando: Maracas, cinco centavos; maracas, cinco centavos. Yo me lo tomé a chiste pero Beto quedó mascullando insultos contra los gringos.

Era una época difícil. No hay duda de eso. Los pitchers americanos veían en los bateadores a un japonés o a un alemán. Cuando uno iba a hacer undoble play, ellos trataban de herirlo y sacarlo del juego. Con frecuencia mostraban una violencia desmedida. Si perdían un juego, los pitchersrompían las sillas, los espejos de los vestidores. Había un pitcher muy famoso de esa época, se llamaba Hal Newhouser, que tenía fracturados todos los dedos de los pies. Si lo sacaban del juego al segundo o tercerinning, la emprendía a patadas con todo lo que encontrara. Cuando sacaban a Early Winn, pitcher de los Indios de Cleveland y luego de los Medias Blancas de Chicago, los cuidadores de cuarto salían corriendo al vestuario a sacar todo lo que pudieran porque él llegaba como loco partiendo sillas y dándole cabezazos a la pared. Como todos —o casi todos— eran veteranos de guerra, era muy común ver al final del juego a alguien tirando algo o golpeándose con la pared. Si alguno no había dadohit o había cometido un error, eso bastaba para generar violencia.

24

El beisbol que yo jugué precisaba mucha, pero mucha habilidad, concentración, dedicación y un gran deseo de superación. Era un deporte personal, aunque lo es de conjunto porque son nueve hombres —hoy en día diez, con el bateador designado—, pero si uno era shortstop, como lo era yo, tenía que tener mucha habilidad de colocación para hacer una jugada a la defensiva, como las de doble play. Hay que tener buen brazo y la cabeza llena de beisbol. Un buen shortstop tiene que tener mucha rapidez mental, es una de las posiciones claves de la defensiva en el beisbol. Debe saberse mover, seguir los lanzamientos del pitcher, el swingdel bateador. Por ejemplo, mucha gente piensa que después de la operación que le hicieron, Oswaldo Guillén terminó como pelotero; la verdad es que hoy en día él es mejor shortstop que antes porque ahora tiene experiencia, está a la defensiva, sabe colocarse, sabe cómo jugarles a los bateadores. Por tener yo esas condiciones fue que me colocaron el remoquete de Fantasma de la calle 35. El estadio de los Medias Blancas, el Comiskey Park, está en la calle 35 —sigue estando porque el nuevo lo construyeron frente al antiguo. Como yo tenía buena colocación y hacía esas jugadas que hacían pensar que aparecía de la nada, por todas partes, los periodistas empezaron a llamarme el Fantasma. Todavía hay fanáticos que me llaman por ese nombre o por el otro: the Venezuelan cat, el gato de Venezuela, por mis movimientos. En el beisbol la acción está donde está la pelota y uno tiene que saltar para buscarla, no esperar que ella te llegue, sino perseguirla por los aires si es necesario, como un gato. Las mujeres decían que yo tenía la gracia de una pantera. Y los hombres, los fanáticos, los periodistas, los expertos, sabían que yo tenía buen brazo y dominaba mi arte.

Eso es como el que sabe jugar dominó: un experto en dominó sabe quién tiene cuál piedra, sabe lo suyo y sabe lo de los demás, sabe todo lo que ocurre sobre la mesa. Así es el beisbol y yo aprendí a jugar beisbol. En Grandes Ligas se dice que hay dos clases de shortstop: el de 1 a 0, y el de 15 a 0. Este último es el que hace todas las jugadas pero cuando está 1 a 0 se asusta, no las hace. Y el buen shortstop es el que hace la jugada de 1 a 0 que protege esa carrera, protege la defensiva y hace todas las jugadas claves del juego. La prensa especializada me consideró un «shortstopinteligente», un shortstop de 1 a 0, por mi habilidad para hacer los doble plays para superar los problemas, lo que me satisface enormemente porque contraría la idea generalizada de que un pelotero es una fuerza de la naturaleza sin mayores luces. Yo acostumbraba analizar cuatro jugadas antes de que el bateador conectara la pelota: siempre preveía la jugada hacia adelante; la jugada hacia los lados, derecha e izquierda; y la jugada hacia atrás. Eran cuatro posibilidades que tenía ya consideradas en mi mente para que cuando el bateador conectara por cualquier lado, yo supiera qué iba a hacer con la pelota. Mi juego era intensamente cerebral. Había bateadores que tenían fuerza pero no corrían bien, en ese caso yo le jugaba atrás y le daba toda la parte de adelante. A los rápidos les jugaba adentro porque atrás no les podía hacer out. Antes de los juegos me ponía a ver las prácticas de los peloteros contrarios: para dónde bateaban más, hacia qué lado, cuáles eran sus habilidades. Las principales lecciones para hacerme buen shortstop, para afinar mi colocación, las adquirí en las prácticas del contrario. Si en una práctica le daban ocho swings a un bateador y seis de ellas las bateaba al rightfield, en el juego yo le jugaba más hacia ese field que hacia el izquierdo. Un buen shortstop tiene tres etapas, yo las viví: en la primera, cuando uno está en plenitud de condiciones, le dan un batazo entre tercera y short y uno le llega de frente; casi detrás de la tercera base, lanza de frente y hace el out. En la segunda, ese mismo batazo y uno le llega a la pelota con el guante de lado (ya no se fildea de frente). En la última, el mismo batazo (que antes has fildeado de frente y lado) ahora la vas a buscar pero no alcanzas la pelota, ésta sigue de hit y tu tienes que ir hasta la segunda base a esperar el tiro del leftfieldporque no atrapaste la pelota. Lo grave es que la experiencia que se ha ganado no compensa la falta de poder físico porque uno puede conservar la habilidad de colocación para las jugadas de rutina, pero para dar ese paso extra ya el cuerpo no responde. (Una vez fui a ver al Morocho Hernández, ya en sus últimas peleas, y lo vi llevando muchos golpes del contrario. Pregunté por qué estaba sucediendo eso y me explicaron que él se dejaba pegar para buscar el mejor momento de responder. A quién le va a gustar que le peguen, pensé. Por qué no le pegaban al comienzo de su carrera. Comparé con mi propia experiencia y concluí que ya el Morocho estaba en la tercera etapa de un shortstop). Cuando eso sucede, uno tiene conciencia de que debe buscarse otra posición si es que quiere seguir en el beisbol. Muchos terminan jugando primera base y cuando llegan allí ya a un lado tienen la tribuna… la próxima etapa. Cuando me pasó a mí, opté por retirarme de la posición. No quería dar la cómica ante un público al que me había entregado con la pasión con que lo había hecho y frente al cual mantenía un orgullo a prueba de todo. Qué va. Yo sabía que eso me iba a ocurrir, estaba preparado. Y no me deprimí. Cuando me vi saliéndoles a los batazos y a no llegarles a las jugadas que antes hacía de frente, me dije: bueno, Alfonso, te tienes que ir para primera. Sin amarguras. Tenía que conservar el nombre del Chico Carrasquel. Y así lo hice.

Hoy en día, ya retirado, suelo encontrarme con fanáticos que me dicen: Chico, tu fuiste un buen jugador de beisbol. No me dicen que fui un buenshortstop, ni un buen bateador, sino un buen jugador de beisbol, lo que implica que fui bueno integralmente. Y eso me agrada porque hace un reconocimiento a la habilidad integral que es preciso tener para jugar correctamente este gran deporte: hay que conocer a fondo la estrategia, conocerse a sí mismo, analizar el propio desempeño, conocer a los compañeros de equipo y a los del contrario. Hay que saberse hasta el último detalle del propio picheo, de la defensa, de los outfielders, de los infielders y también analizar la ofensiva. Saber quién es el manager contrario, cuál es su habilidad para mover sus piezas y cuál es la propia para vencerlo. Creo que desde que nací… desde que estaba en el vientre de mi madre… ya estaba jugando beisbol.

He sido jugador, entrenador, manager, coach, scout, comentarista, de todo. El beisbol ha significado para mí todo, todo. En él me he desarrollado como ser humano porque el beisbol te inculca una responsabilidad: tienes práctica a tal hora, un juego a tal hora, tienes que mantener unas condiciones físicas, bien el brazo, las piernas, la mente… todo. En el terreno se piensa en beisbol y todo el cuerpo está puesto para el beisbol, allí no se piensa en más nada. No se piensa en mujeres… por ejemplo.

25

En el terreno los peloteros se ven muy bonitos, como héroes. Pero otra cosa es en los vestidores. Eramos veinticinco o treinta hombres que andaban por ahí, desnudos. Sobre todo cuando teníamos juego, que debíamos bañarnos juntos. Ahí lo más normal es que cada quien hable de sus habilidades… las de fuera del campo, quiero decir. Hablaban de lo que iban a hacer después del juego, de con quién iban a salir. Yo tuve fama de mujeriego y la verdad es que he sido un gran admirador de las mujeres. Ha habido quién me pregunte qué me gusta más, el beisbol o las mujeres. Y me ha sido difícil escoger. Por lo menos puedo decir con toda seguridad que me gusta más una mujer que comer, eso sí. A veces he visto una mujer que me ha gustado tanto que he perdido la noción de lo que estoy haciendo para dedicarle todo mi pensamiento a ella. He tenido la oportunidad de compartir con mujeres bonitas, feas, blancas, negras, japonesas, alemanas. Eso ha formado parte de mi vida, incluso cuando estuve casado. Sé que puede sonar muy machista, pero es la verdad. Yo disfruto a las mujeres, disfruto hablar con una mujer, comer con una mujer. A la persona con quien estoy casado actualmente (mi segundo matrimonio), la conocí en mis años de joven en Chicago. En el año 60 me fui a Venezuela, allí tuve otras relaciones y otros hijos… no hablemos de cuántos, digamos que son varios… los he ayudado con su vivienda, con sus estudios, no son peloteros, pero algunos son profesionales, incluso uno de ellos es oficial de la Armada, y todos llevan mi apellido. Yo tuve una novia que pertenecía a una familia de la alta sociedad de Caracas y todo era, tú sabes, chofer uniformado, vestidos bonitos, tardes en el club… y un día ella me invitó a cenar en la casa de un familiar que vivía en el Country Club. Me preparé, me puse mi traje, llegué a la casa, mucho gusto, apretones de manos. Nos sentamos a la mesa y veo como seis cubiertos de un lado y seis del otro. Ella quedó sentada frente a mí y cuando me sirvieron el pescado, le pedí al mesonero un poquito de salsa de tomate; esa mujer empezó a abrirme los ojos y a pegarme patadas por debajo de la mesa. Qué es lo que pasa, le dije y me levanté. Ella miró a todos con sonrisitas y se levantó también. Cómo le vas a poner salsa de tomate al pescado, me dijo apretando los dientes. No regresé a la mesa. Me fui y el noviazgo se terminó por un poquito de salsa de tomate. Todavía me acuerdo del mesonero conteniendo la risa y tratando de mirar para otro lado. Les tengo terror a los problemas de pareja. A veces me ha pasado, con una muchacha, que todo comienza muy bien, mucho cariño, mucho amor, pero después, cuando empiezan los reproches… ya no puedo, me espanto. Lo de la aeromoza es verdad, ¿quién te lo dijo?, algún periodista chismoso… ella me llamaba desde Caracas y me decía sus rutas y ahí nos encontrábamos, en Nueva York, en Boston, en Chicago. Una vez fui en mi carro a buscarla a su casa, en Caracas, y cerca de donde ella vivía había una estación de servicio. Me paré a poner gasolina y en ese momento pasó a mi lado un carro conducido por una muchacha. Ella se me quedó mirando y yo empecé a hacerle señas. Cuando me di cuenta de que mi amiga me estaba viendo desde su casa, me puse a hacer la payasada de que estaba practicando para hacerle señas a los bateadores. Nunca me creyó, las mujeres nunca me han creído lo que yo he dicho.

Mi primera esposa, Marcela, es de Naiguatá —con ella tuve seis hijos—; yo siempre le decía: si tú hubieras sido pelotero, hubieras sido tremendo primer bate porque qué vista tienes. Yo salía, me iba a bailar a algún sitio, y cuando dejaba a mi pareja en su casa, le pedía a algún amigo que me revisara por todas partes. En todas las estaciones de servicio me paraba: mírame bien por aquí, ¿no se me ve nada? Nada, chico, tranquilo, me decían los tipos. ¿Pero no tengo pintura, ni nada de nada? Nada, vale, tranquilo. Y cuando llegaba a la casa, prácticamente a oscuras, mi mujer me miraba y me decía: mira, gran carajo, estás pintado aquí y aquí. Como mi única obsesión en la vida era el beisbol, fui poco bailarín y casi nada sabía de las orquestas, de los cantantes, de ese mundo. Pero ahora me analizo y observo que cuando bailaba bolero me hacía cosquillas a mí mismo. ¿Cómo lo haría?, me pregunto. Es que bailaba tan pegado que me hacía cosquillas yo mismo. Qué bandido, verdad. Yo tenía un sistema para bailar: agarraba la mano de la muchacha y echaba hacia atrás su brazo para que sacara el pecho y yo sentirlo aquí, en el mío. Yo trabajé lavando vasos en el Roof Garden, en la esquina de Gradillas, tenía ocho o nueve años. Desde el lavaplatos veía a la gente bailando, las mujeres con aquellos trajes, las joyas, los hombres abrazando a sus parejas y yo me decía: algún día voy a estar de aquel lado. Pasaron los años y un día fui al Roof Garden. Entré con mi traje y me quedé mirando a los muchachos que lavaban los vasos. Y pensar que yo estuve de aquel lado, pensé, pero ahora estoy de este, con mi buen traje y bailando con mi pareja. Ya no lavaba vasos.

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SOLO 20 BATeADORES D E 400 EN 142 AÑOS DE LAS MAYORES

Juan Vené en la pelota

Miguel Cabrera

“Divorciarse es cambiar de, en vez de pelear con”... La Pimpi.-

¡Hasta poniédole la bola a uno de bombita, es difícil batear para 400 de promedio o más!.

Este año, a menos que Andrew McCutchen (Piratas) haga un milagro para subirle seis puntos a sus 341, el campeón de bateo será el suspendido Melky Cabrera (Gigantes) con 346, le faltaron 54 milésimas para los 400.

Las dificultades son tan grandes para batear 400, que en los comienzos del beisbol, el pitcheo no era nada efectivo, y sin embargo, se necesitaron seis años de Grandes Ligas, hasta 1876 (cinco de la National Association y el primero de la Nacional) para que surgiera el primero con la marca, Ross Barnes, de los Chicago White Stockings, 429.

Desde entonces, en los 142 años que van a Grandes Ligas, solamente 20 bigleaguers batearon para 400 ó más en una temporada. Y la hazaña se ha cumplido en 27 oportunidades porque tres de ellos la consigueron tres veces cada uno, y otro en dos campañas.

Después de los 406 de Ted Williams (Medias Rojas) en 1941, quien ha estado más cerca ha sido Tony Gwynn (Padres), 394 en 1994, con cuyos números es el 42 en la lista de los mejores promedios de todos los tiempos.

El líder de los cuatrocientones es Hugh Duffy (Comedores de Frijoles de Boston), quien conectó para 440 en 1894.

Y nadie ha bateado para 400 exactos. Lo más bajo en ese grupo ha sido 401 cuatro veces, por Hughie Jennings (Orioles) 1896, Ty Cobb (Tigres) 1922, Rogers Hornsby (Carmelitas) 1922, y Bill Terry (Gigantes) 1930.

Cobb terminó otros dos años sobre 400, en 1911 (420) y 1912 (409). Y también Hornsby, en 1924 (424) y en 1925 (403).

Cuando Williams dejó sus 406 en 1941, los Medias Rojas terminaron la temporada con un doble juego, en los cuales él bateó seis hits en ocho turnos. Le siguieron en promedio ese año, Cecil Travis (Senadores), 359, Joe DiMaggio (Yankees) 357 y Jeff Health (Indios) 340.

Hace 61 años de aquellos 406. Pero Ted los consiguió cuando hacía solo 10 años del último sobre 400, Bill Terry (Gigantes) en 1931.

Y el frustrado mayor de la historia es Adrian (Cap) Anson (Chicago White Stocking), quien nunca bateó para 400. Pero en 1881, terminó con 399.

RETAZOS…: ** El sueldo de Ted Williams en 1941 fue de 18 mil dólares. Por su hazaña de ese año, el proietario del equipo, Tom Yowkey se lo aumento para 1942 a cerca del doble, 35 mil dólares… ** EN SU CARRERA, de 19 temporadas, hasta 1960, recibió Ted en total por sus servicios, un millón 458 mil 500 dólares, lo que ahora cobran docenas de bigleaguers por una semana… ** WILLIAMS, quien celebró sus 23 el 30 de agosto de ese año ‘41, bateaba en junio para 438, y en aosto para 414… ** TAMBIÉN en 1941, Joe DiMaggio conectó de hit en 56 juegos consecutivos, durante los cuales tuvo promedio de 408. En el mismo período, William lo sobrepasó, con 412… ¡Qué bien, muchachos, qué bien!…

Gracias a la vida que me ha dado tánto, incluso un lector como tú.

Jbeisbol5@aol.com

Manny Trillo repasa las anécdotas de su carrera: “Fui segunda base por una coca cola”

El legendario camarero no se imagina una vida fuera del diamante. Es coach de las Águilas, pero creció como magallanero y nació al beisbol profesional con los Leones. Por fin, dice, es tiempo de contar su historia sobre el cambio que le llevó al Zulia, dice, y se ríe de quienes le llaman antipático.

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Transcurridos 30 minutos después del último out de la Serie Mundial de 2005, no había rostro más iluminado ni emoción más profunda en el clubhouse de los Medias Blancas de Chicago que la cara sonreída y la felicidad absoluta de Manny Trillo.

El monaguense cumplirá 63 años de nacido el 25 de diciembre y no se imagina en otro sitio que no sea un campo de beisbol. Fue el mejor camarero defensivo de la Liga Nacional, hace más de tres décadas, Jugador Más Valioso en una Serie de Campeonato y el primer Bate de Plata en la historia de su posición.

Que nadie se sorprenda. Desde niño sabía que era esto lo que quería hacer.

-¿Cuál es su primer recuerdo en el beisbol?

-Sería cuando tenía seis o siete años. Jugaba shortstop, el catcher se lesionó y el manager me mandó a quechar. Estuve llorando casi todo el juego.

-¿Recuerda la primera vez que entró al estadio Universitario?
-Tendría 14 años de edad. Me vine con mi profesor desde Miraflores, en Quiriquire, por carretera, 10 horas para llegar y disfrutar un juego del beisbol profesional. Luego, cuando tenía 16 años, Oakland y Minnesota jugaron una exhibición y me invitaron a un try-out. Pisar el terreno era lo que cualquier muchacho anhelaba.

-¿En qué momento se dio cuenta de que el beisbol sería su carrera y su vida?

-A los 14 estaba decidido a ser pelotero. Me quedaba todo el día en clase de deporte. A mi mamá le pasaban la tarjeta de inasistencia, porque no entraba a las otras clases. “Pero mamá”, le decía yo, “si siempre voy a clases. A clases de deporte”. “¿Y las otras clases?”, me preguntaba ella. “No, mamá, esas no sirven”. Mis padres nunca me prohibieron ser pelotero. Quería serlo, y pelotero fui.

-Después de llorar la primera vez, terminó siendo receptor…

-Firmé como catcher. Pero un día, en rookie, me puse a apostar una coca cola con Ulises Urrieta en la práctica,a ver quién tomaba más rollings en el shortstop. Le gané. Yo fui segunda base por una coca cola. Porque cuando me vieron tomando rollings, me cambiaron de posición. Años después, Pepita Muñoz me hizo la misma apuesta. Todavía me debe cinco botellas de whisky. En triple A, con Oakland, nos íbamos siempre temprano al estadio con Gonzalo Márquez, para tomar rollings. Pero todo fue natural: lanzar por debajo del brazo, la forma de hacer dobleplays…

-¿También fue natural mirar la pelota casi siempre, antes de tirarla a primera?

-Había peloteros que me decían: “Suelta esa pelota rápido”. Por eso, me tomaba mi tiempo y miraba la pelota (ríe). Había quien decía que yo era antipatico. Pero no era antipático. Quizás me veían serio. Es que me gustaba hacer bien mis cosas.

-¿Dónde fue más feliz? ¿En Chicago, al consolidarse como titular? ¿En Filadelfia, ya premiado? ¿En Cleveland?

-La mayor alegría fue la primera vez que me puse un uniforme. Esa es la meta de todo pelotero. En Filadelfia lo disfruté más, porque había peloteros con mucha experiencia, como Pete Rose, Larry Bowa, Mike Schmidt. En Chicago fueron los primeros años. A veces el coach tenía que explicarnos las cosas. En Filadelfia ya era mejor pelotero.

-¿Y quién era mejor llave? ¿Iván De Jesús o Larry Bowa?

-Creo que De Jesús. Siempre tuve muy buena comunicación con él. Aún la tengo.

-¿Qué es lo más extraño que le ha pasado en un campo de juego?

-Una vez, jugando en segunda, con dos outs, me tiraron la pelota, pisé y tiré a primera. Les dije que me debían un out, que por eso saqué cuatro (ríe).

-¿Cuál es su mejor recuerdo con el uniforme del Caracas?

-Aquel Juego de la Chinita en que bateé de 4-4, con dos jonrones. Eso fue muy grande. Pero también lo fue jugar con César Tovar, Gonzalo Márquez, Vitico Davalillo.

-¿Y con el uniforme del Zulia?

-Haber ganado una Serie del Caribe. Y conocer a Rubén Amaro, que fue como un padre para mí, dentro y fuera del beisbol. Eso también.

-¿Fue muy difícil asumir que era la hora del retiro?

-No. Yo siempre he asumido las cosascomo llegan. A lo mejor pude jugar dos o tres años más en Venezuela, pero uno tiene que saber decir: está bueno. Quise seguir como coach, porque puedo pagar todo lo que alguien me enseñó, pagar mis años en las grandes ligas, enseñándole a alguien más todo lo que aprendí. Mientras pueda caminar y tirar una pelota, estaré en el beisbol. Digo yo (ríe).

-¿Es posible sentirse abrumado por el escenario en un primer juego de la Serie Mundial?

-No. Porque para llegar allí ya uno ha jugado muchos encuentros. La presión se la pone uno mismo. Cada vez que yo cometí un error en el primer inning, me decía: cóntrale, y todavía faltan ocho innings más, imagínate.

-Pero si casi no cometió errores en su carrera…

-Ahí era cuando me decía: denme por aquí, para ver si es verdad, para ver si soy malo, o qué. La presión se la pone uno mismo.

-¿Fue doloroso que el Caracas lo cambiara de equipo?

-Sí, me dolió. Chicago me prohibía jugar en Venezuela, pero yo quería jugar en mi país. Eso no se puede prohibir. Entonces, venía de jugar una Serie Mundial con Filadelfia y se dijeron muchas cosas: que yo quería jugar en Maracaibo, que mi esposa de entonces era de allá. Muchas veces la verdad no se sabe y el culpable es uno. No señor. Yo pedí que me pagaran lo justo. Yo sabía lo que le pagaban a los importados y no me iban a pagar menos a mí, que era un grandeliga. La liga nombró como árbitro a Chiquitín Ettedgui y él nunca dijo nada, no opinó. Ahora es cuando estoy contando la verdad. Nunca dijo cuál era el salario justo que debería aceptar. Le pregunté: “¿Entonces, señor Ettedgui?”. No dijo nada. Ahí me paré de la mesa y dije: “Como no llegamos a ningún acuerdo, hagan lo que ustedes quieran. Me pueden cambiar al Magallanes, porque soy fanático del Magallanes. Quiero mucho al Zulia. Le doy gracias al Caracas, pero quiero jugar. Si no llegamos a un acuerdo, me cambian”. Esa fue la verdad, que nunca salió al público. Uno viene a jugar al Universitario y lo pitan. ¿Por qué? Si aquí uno no se va, a uno lo van. Uno no se cambia, a uno lo cambian.

-¿Cuál fue el episodio más duro de afrontar en el beisbol?

-Estar en una final y no ser campeón. Eso duele mucho.

-¿Dónde guarda los guantes de oro y los bates de plata?

-Eso está en un cuarto. Para que lo vean las visitas.

-¿Qué tiene de zuliano, después de tantos años en Maracaibo?

-Muchas amistades. Algunos creen que soy maracucho, por mi forma de hablar. Pero no se me ha pegado nada.

-Si volviera a nacer, ¿qué le gustaría ser?

-Pelotero. Una vez quise ser actor. Hasta hice una película con Joselo. Pero ese no soy yo. Yo volvería a jugar pelota.

Los datos:
Manny Trillo formó parte de la generación que vio surgir a Antonio Armas y Baudilio Díaz en el Caracas. Asistió a cuatro juegos de estrellas en las mayores, a donde llegó en 1973, con los Atléticos. Fue tercero en la votación al Novato del Año de la Liga Americana en 1974, ganó dos bates de plata y tres guantes de oro

IGNACIO SERRANO

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