Recordando a Billy Martin, por Mari Montes

Recordando a Billy Martin, por Mari Montes 640

 

Era un tipo serio.

No era un “bocazas”, no lo fue como jugador ni como mánager, pero definitivamente era un hombre escandaloso que no dudaba en irse a los puños con cualquiera, incluyendo jugadores de su mismo equipo, como ocurrió con Reggie Jackson ante el desconcierto de los testigos presentes y millones de televidentes, en la cueva del Yankee Stadium, por un fildeo de Mr. Octubre que no le gustó a Martin, ante un batazo conectado por  el recordado Jim Rice de los Medias Rojas de Boston.

Supongo que alguien lleva la cuenta de las veces en las que Martin fue expulsado, luego de arrojarle tierra a un umpire, por decir lo que mucho hacía dentro de la variedad de formas que encontraba para manifestar su disgusto por una decisión y hacerse botar.

Billy “The Kid”, creador de la “Billyball”, dirigió a los Mellizos, Tigres de Detroit, Rangers de Texas, Atléticos de Oakland y fue contratado y despedido por  George Steinbrenner cinco veces durante 13 años. Su relación con “El Jefe” llegó a ser casi tan famosa como el equipo.

El primero de junio de 1981,  fue suspendido una semana por empujar y echarle tierra en los pies y la espalda al árbitro Terry Cooney en el juego del 28 de mayo. El 30 de abril de 1983 repitió la misma acción de patear la tierra, esta vez en los zapatos del umpire Drew Coble con la misma consecuencia. El 2 de junio de 1988 volvió a ser  suspendido por tres días y multado con 1.000  dólares por hacer lo mismo.

El 24 de julio de 1983, Martin protagonizó algo único en la historia del béisbol: el recordado “jonrón de la brea de pino” que George Brett, legendario tercera base de los Reales de Kansas City, le sonó a Rich Gossage en el Yankee Stadium, con dos outs y uno en base en el noveno inning. En principio el estacazo le dio ventaja de 5 a 4 a los Reales, pero el cuadrangular fue anulado por Tim McClelland, un árbitro novato que se dejó presionar y engañar por el piloto de los Yanquis. Martin inventó que el bate de Brett era ilegal por exceso de resina de pino. La decisión y la explosión de Brett debe ser uno de los videos más vistos del beisbol, como dijo Gossage  de la reacción del antesalista: “Era el ser humano más loco a quien alguna vez he visto en mi vida”. Cuatro días después se corrigió la decisión y el 18 de agosto se reanudó el partido con los Reales ganando 5 a 4. Así que, a menos de un mes, los Reales fueron al Yankee Stadium para reanudar el partido en el noveno capítulo. El jonrón de George Brett fue validado dando la ventaja a los de Kansas City.

Para el desenlace del extraño juego sólo había unos mil fanáticos. Los Yankees jugaron con el lanzador Ron Guidry en el jardín central y con Don Mattingly, un jugador zurdo y primera base, como camarero. Muchos años después, Billy Martin dijo que la reanudación del partido “era una parodia” y por eso jugó así.

En su época de pelotero se le recuerda con los Yanquis de Nueva York en las Series Mundiales de 1952 y 1953. En el Clásico de Octubre de 1953, fue el Jugador Más Valioso. Además de la buena defensa, bateó para .500 de average, con 12 hits, dos cuadrangulares y ocho remolcadas.

En mayo de 1957 se produjo su famosa pelea en el cabaret Copacabana. Estaba con Mickey Mantle, Yogi Berra, Hank Bauer y Johnny Kucks, celebrando el cumpleaños de Mantle. Hubo una trifulca que terminó con el dueño de una tienda de víveres con la mandíbula fracturada. Dicen que, a raíz del incidente, el mánager Casey Stengel estuvo de acuerdo con que lo cambiaran a los Atléticos de Kansas City y así romper el trío de rumberos integrado por  Mantle, Whitey Ford y Martin.

Sobre el béisbol dejó dicho: “Lo que echo de menos cuando estoy de viaje es el orgullo en el béisbol. Especialmente el orgullo de estar en un equipo que gana como los Yankees. Y no me refiero a un falso orgullo sino al profundo amor por un equipo real. No hay nada más grande en el mundo que cuando alguien en el equipo lo hace bien y todo el mundo reúne  en torno suyo a darle una palmadita. Me encanta la convivencia en el béisbol. Es un verdadero amor real”.

Nunca fue un fanfarrón, pero le gustaban frases espectaculares como ésta: “Siempre he dicho que podía manejar a Adolfo Hitler, Benito Mussolini y al Emperador Hirohito. Eso no quiere decir que me gusten, pero me gustaría administrarlos”.

Siempre tuvo claro, tal vez porque fue un Yankee, que él no era el más importante: “No he sido el más grande jugador de los Yankees, pero si el que está más orgulloso de serlo”.

MARI MONTES

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